Cuba y su invasión constitucional sobre Venezuela

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Encuentro entre Hugo Chávez y Fidel Castro en el Aula Magna de la Habana 1994

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Mientras los menos favorecidos comen entre los restos de la basura que desechan las casas y centros de comida rápida, mientras los jóvenes escuderos salen a dar la cara contra la tiranía comunista del PSUV, conformada por el desecho de la revolución chavista, Cuba avanza en su invasión a Venezuela, transformando la nación libertadora en una deforme masa con delimitaciones geográficas gracias a la praxis del socialismo.

Fidel Castro y Wolfgang Larrazabal

Esta invasión realmente inició con múltiples experimentos décadas atrás, cuando apenas aparecía la tambaleante y corrompida democracia bipartidista. Venezuela, un país de grandes recursos y de privilegiada ubicación geográfica fue avistada por el guerrillero comunista Fidel Castro. ¿Fue por motivación propia? Es muy probable que detrás de él existan actores que se encarguen de mover los hilos que él tendería sobre el sur de América. ¿Rusia? Superficialmente,  la Unión Soviética debió tener interés en ingresar en la nación venezolana para ganar espacio ante los Estados Unidos de América, pero hay otra perspectiva que suelen muchos obviar: la nación Estadounidense pudo haber acabado con la Habana desde hace mucho tiempo, sin embargo, parece que eso no era de su conveniencia. No hay que pasar por alto que uno de los principales compradores del comunismo chavista fue el vociferado imperio del norte.

Primeros fracasos, desde Machurucuto a 4F

Rómulo Betancourt y Fidel Castro

La influencia marxista de Cuba permeó entre la juventud que vio como influencia la revolución de la Habana. Integrantes del Partido comunista de Venezuela (PCV) y Acción democrática (AD), se sintieron atraídos por aquello que parecía ser el despertar comunista en hispanoamérica, aquella influencia soviética tropicalizada. Así, el tirano Fidel Castro logró captar a los actores políticos pero se vio enfrentado con el liderazgo de Rómulo Betancourt, que a pesar de tener influencia marxista, decidió aliarse con norteamérica, aunque sin perder su demagogia populista, típica de los socialistas.

Así aparece Machurucuto en nuestra historia como uno de los primeros experimentos para entrar en la reina del sur, pero el ejército nacional hizo frente ante aquella débil influencia Castrista. Posteriormente otra serie de intentos se repitieron sin éxito.

Rafael Caldera y Fidel Castro

“La pacificación” del primer periodo de Rafael Caldera dio paso a un segundo experimento. Mientras, el entonces, presidente, liberaba a los presos políticos, la revolución cubana cambió su plan e inició el proceso de penetración y adoctrinamiento a la sombra de todos. Así, el comunismo fue, no solo entrando entre los civiles, sino también en sus hijos de los cuales muchos llegaron a formar parte de nuestra Fuerza Armada, dejando una semilla que fue creciendo tanto en cuarteles como en la población civil.

El 4 de febrero no fue más que otro intento de tomar por la fuerza el poder en Venezuela, pero 30 años no eran suficiente para imponerse de forma armada a una nación extranjera mucho más grande económica, militar y culturalmente.

La invasión constitucional

Al no poder tomar el poder por la fuerza, la tiranía cubana se dedicó a crear lazos con determinados actores. La política venezolana se encontraba en un punto de inflexión donde había un gran descontento ante el puntofijismo y reclamaba nuevos actores y perspectivas, apareciendo en la escena Hugo Chávez, uno de los líderes del fracasado golpe del 4 de febrero.

Carlos Andrés Pérez y Fidel Castro

Los grandes canales y medios de difusión masiva del país, junto con empresarios de diferentes rubros, le dieron el apoyo a Hugo Chávez. Una realidad poco contada es que fue la oligarquía venezolana de entonces quien financió y le dio entrada al líder comunista. El déspota llanero inició su ascenso y logró captar no solo la atención del país sino del mundo. Con su llegada al poder, vino la oleada petrolera más grande de la historia del pais, que permitió al líder hacer una campaña a nivel mundial, transformándose en ícono del socialismo.

Encuentro entre Hugo Chávez y Fidel Castro en el Aula Magna de la Habana 1994

Realizó una alianza con Cuba, dándole entrada en los ministerios, en la educación, en la economía y en cada espacio de la República. A través de la enmascarada alianza internacional, forjó un frente con países como Uruguay, Ecuador, Bolivia, Brasil y Argentina, donde el petróleo venezolano viajaba por todos estos países, un frente que venía gestándose años atrás con el Foro de Sao Paulo. Con la muerte de Hugo Chávez, queda de forma despótica y hasta como si se tratara de una herencia monárquica, Nicolás Maduro a cargo de la Presidencia.

El nuevo presidente no solo continuó el fracaso socialista de Hugo Chávez sino que se dedicó a dar más poder a la influencia cubana sobre Venezuela, aunque generando una división interna dentro del chavismo. Su espectáculo mediático le da la apariencia de monigote bobo,  y con ello, se ha ido imponiendo su grupo dentro del chavismo, dejando de lado a otros que fueron rompiendo con él.

Nicolas Maduro y Fidel Castro

La invasión constitucional

Ante las constantes protestas, falta de liderazgo y la crisis absoluta que vive el país, Maduro ha dado una estocada al proclamar una constituyente, que amenaza con afianzar su poder. Esta tiene el poder de acabar con lo que resta de la educación privada e imponer la educación socialista, desaparecer la empresa privada para que los ciudadanos no puedan crecer económicamente y no se tranformen en actores incómodos; puede acabar con el sistema de salud privado, y obtener el control absoluto al gobierno de los alimentos y la medicina. Sería el fin de la intimidad, el fin de la vida privada, pero esto es solo el comienzo.

La invasión cubana sigue su paso, y la constituyente puede legalizar y crear mayores espacios de influencia que pueden ir desde fortalecer dicha alianza, hasta cumplir esos rumores de unificar a ambas naciones.

La MUD y el circo democrático

En medio de esto, se encuentra la autoproclamada “oposición” venezolana, conformada por los partidos tradicionales y sus derivados, también de izquierda, adversos al PSUV. Estos partidos coinciden en hacer frente al chavismo, pero durante los últimos años apenas han ganado dos elecciones y no han hecho más que perder legitimidad ante los venezolanos.

Timorata, débil, llena de vicios, la MUD no hace más que gritar como un niño malcriado para luego ceder ante los avances cubanos sobre Venezuela, a través del PSUV. Su presencia no pasa de grandes movilizaciones de gente sin objetivos claros y con pobres argumentos que permiten al chavismo aprovecharse de sus costuras. Para ellos todas las soluciones provienen de la fórmula mágica de la democracia y la paz, mientras el enemigo, con el mismo discurso, gana terreno, poder y somete a los venezolanos a la miseria, la pobreza y la violencia.

Venezuela se encuentra en un punto donde debe decidir si su destino es ser una débil y pobre nación o volver a sus orígenes republicanos de aquella raza guerrera, de pardos y criollos, que con fuerza de voluntad, estrategia y convicción, lograron derrotar al imperio donde el sol no se oculta.

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