El Ángulo Perfecto

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Por: Elver Sánchez

La cordura y todo lo que abarca es tan ajeno para mi. Dentro de las mentes más pasivas e introvertidas puede encontrarse una fosa de oscuridad, que alberga los más siniestros horrores, que solo buscan satisfacerse con un mártir que sirva como alimento para llenar el hambre de su desesperación. Toda hambre comienza con un deseo obsesivo que es impulsado por pensamientos irrisorios que luego crecen y no se pueden controlar. Basta decir, que este puede ser el origen de todo mal, no pensamos que sea algo repugnante y detestable, sino todo lo contrario.

No voy a decir mi nombre, puesto que el acto que cometí debe mantenerse en anonimato, pero si te hablaré de lo que hice, poco a poco iré a ello, aquello que me causó tanto placer y no en el sentido sexual de la palabra, sino mas bien, de gratificante locura. Yo vivía solo y tranquilo, nunca tuve amigos y ni los tendré, con quienes me relacionaba efímeramente era con personas que me buscaban por mi trabajo.

La fotografía era mi pasión y también mi sustento para vivir, fotografiaba a personas aburridas y sin sentido para mi que me provocaban pensamientos prejuiciosos, siempre catalogaba a esas personas como estúpidos e insignificantes… Si, soy muy ególatra y veo a los demás como hormigas, o peor que eso, como ácaros rastreros que solo andan en la vida alimentándose y reproduciéndose como ratas en las alcantarillas o los basureros.

Aunque a la vista puedo parecerte una persona normal, en mi soledad sufro de trastornos que me han perseguido toda la vida. Mis problemas con la esquizofrenia no me dejan en paz, siempre cuando estoy en mi estudio aparecen rostros fantasmales saliendo de las paredes, siempre tienen ese aspecto horrible, pareciera que estuvieran gritando pero sus pálidas y secas bocas no emiten ningún sonido, no tienen ojos, pero de esos orificios brotaban lágrimas negras como de tinta.

Pareciera que llevaran un dolor permanente, en alguna otra vida habrán cometido algún acto terrible y diabólico, como para estar condenados a permanecer en una tortura constante y eterna, pobres diablos miserables, ya no siento pavor al verlos aunque si siento un interés innegable por fotografiar sus espantosas expresiones.

Por las noches, al dormir, mis sueños siempre se convierten en terrores nocturnos, que me colocaban en un estado cataléptico donde solo mi mente es consciente. Extrañas criaturas de formas de animales con plumajes largos volaban encima de mi, y me tomaban con sus enormes garras levantándome de mi cama una y otra vez, la sensación es relativamente extraña, al principio, pero ya no para mi, en cambio para una mente débil y delicada podría causarle la muerte al instante, sobrevivir a esa especie de parálisis no es nada fácil, solo los que tenemos una afinidad por este lado sombrío podemos conllevar este tipo de cosas de manera normal.

Ángela era una chica que se había mudado no hace mucho por mi sector, vivía a solo dos cuadras de mi casa, aunque particularmente nunca sentí afinidad o interés por ninguna persona en mi vida, con Ángela era distinto, quería saber todo sobre ella, su apellido, su edad, su religión, su ideología política, su signo zodiacal, su fecha de nacimiento, entre otras cosas. Mi interés hacia ella me causó una tremenda curiosidad.

La primera vez que vi su sonrisa mientras me dirigía a la parada del bus, fue como una revelación magnificente que entró por mis ojos como disparos viajando a la velocidad del sonido, basta decir que el impacto fue demasiado, lo suficiente para adoptar una personalidad obsesiva que se fue arraigando poco a poco dentro de mi ser.

Ángela era de descendencia italiana, 24 años, labios finos, delgada, de estatura promedio, piel morena clara, cabello castaño oscuro y ojos color ámbar. Ella podría simplemente parecer una chica guapa con una hermosa sonrisa que puede despertar hasta pensamientos lujuriosos a cualquiera. Pero para mí era algo mas que eso.

En este punto quiero aclarar que mi poderoso interés por Ángela no era para nada pasional, sino más bien, de admiración trascendente, quería capturar su belleza y su radiante personalidad en fotografías, momentáneamente fue algo que se me ocurrió después, cuando la vi, sonriente, fugaz y despreocupada por la vida, su forma de ser era digna de ser idolatrada, como la de una figura religiosa que míticamente despierta la esperanza y el amor.

Oh Ángela, quizás fui demasiado insignificante para ti, para que me regalaras, aunque sea por un instante, una mirada punzante por lo menos vaga y febril. Oh Ángela, como me hubiera encantado que supieras que en mis noches somnolientas, mientras me visitaban esos horrores nocturnos tu aparecías como un ser etéreo y translúcido que con tu aura centelleante de belleza espantabas a la oscuridad.

¡Ay! Como quería que fueras mi faro eterno guiándome en caminos sombríos, jamás me hubiera sentido solo de nuevo, ni triste, ni melancólico como ahora. ¿Por qué tú, Ángela? ¿Por qué mi discrepante personalidad tuvo que fijarse en ti, para cometer algo tan ilícito y escalofriante? El olor de su cabello causó un efecto estupefaciente en mi, tuve la oportunidad de detectarlo cuando nos subimos en el mismo autobús rumbo al centro, ella estaba leyendo un libro de aritmética mientras que yo, entre ojos la observaba, viendo su ángulo de musa lectora, concentrada, sin prestarle atención a nadie, mucho menos a mi.

Durante un tiempo me ocultaba entre las sombras para tomarte fotografías, así es Ángela, yo te seguía aprovechando mi desapercibida presencia para poder capturarte en distintas formas, mi cámara era la conexión perfecta entre tu belleza y mi obsesiva afinación hacia ti, que ya estaba más avanzada que antes. Colgaba todas las fotos que tomaba y las colocaba al unísono de acuerdo a la fecha y mi favoritismo, decenas de ángulos distintos capturaba y cada uno era mejor que el anterior. Mi querida Ángela, no sabes cuanto deseé mostrarte mi trabajo, se que te hubiera encantado, pero nunca te fijaste en mi, ni siquiera me ofreciste la dicha de un saludo.

Pero llegué a un punto vacío, ninguna de las fotografías que le había tomado secretamente a Ángela era lo suficientemente buena, quería más, algo perfecto, algo nunca antes hecho, quería tenerla solo para mí. Los pensamientos que se recalcaban en mi mente comenzaban a tener una lucha despiadada causándome mas desesperación en mi inestable ser. Múltiples cosas se revelaban tan rápido que me apretaba la cabeza con las manos, los rostros horribles que brotaban de las paredes estaban más salidos, nunca había pasado antes, y los escuché… Comenzaron a gritar, algo que jamás habían hecho, unos más que otros se estiraban tratando de acercarse a mi, y sus orificios sin ojos cambiaban de colores, ya no eran negros, sino que adoptaron otros colores como un gris pálido o un purpura oscuro.

Algunos solo gritaban mientras que otros me susurraban palabras que no entendía muy bien. Y de repente, apareció… La imagen lúcida y etérea de Ángela de nuevo estaba frente a mi, pero esta vez no en un sueño, sino que ahora se revelaba en mi delirio esquizofrénico, los rostros no se alejaban sino que se acercaban cada vez más, pero siempre detrás de la imagen de Ángela, se acercó a mi con ardiente hermosura y su esencia era acogedora y poderosa. Fue entonces, cuando un susurro, tan fuerte como un relámpago en mi oído me dio la mas terrible pero factible idea, y fue entonces cuando mi episodio esquizofrénico concluyó por completo y todo desapareció. Matar a Ángela.

La idea no me pareció para nada descabellada, estaba decidido e impulsado por el cansancio de clamar por el nombre de Ángela sin tener respuesta alguna, quería poseerla y tenerla a mi lado, más que todo en cuerpo, no me interesaba en alma, quiero tenerla como mi musa, mi inspiradora vacía y fría que alberga la belleza y la muerte conjugadas en un solo ser material.

Mi plan era casi perfecto, la única herramienta indispensable que requería era el veneno que tenía guardado en el botiquín debajo de mi cama, un cianuro de sodio en polvo que provocaría lentamente la muerte de Ángela, sin dañar su perfecta imagen, solo tenía que buscar la hora y el momento adecuados para ejecutar mi excitante y perverso plan.

Al día siguiente, con el corazón rebosante de emoción y anhelo de tener a Ángela al fin en mi brazos, la seguí, junto con todos los materiales necesarios, me mantuve como una sombra en la distancia detrás de ella hasta la facultad donde estudiaba, me mantuve paciente, y monomaniaco, esperando el momento ejemplar para ejecutar mi acto, y mientras Ángela estaba sentada frente una mesita de piedra mientras leía, yo me acerqué poco a poco sin desviar la mirada de ella, y al mismo tiempo, estuve distante para evitar ser detectado.

Ángela como siempre leía concentrada, pero en un momento se levantó para ir a llenar su pequeña jarra con agua, y fue en ese momento, cuando me acerqué rápidamente y vertí unos gramos de cianuro en varias páginas de su libro, tenia suerte en ese momento ya que no había nadie alrededor, y luego de haber cumplido mi tarea me alejé rápidamente hacia mi escondite, mientras que Ángela, después de unos minutos volvía para retomar su lectura.

Miraba con detenida ansiedad y locura, cada que vez que Ángela pasaba sus dedos por su lengua antes de pasar a otra página, había calculado todo, incluso la cantidad necesaria para no matarla al instante, sino dentro de un par de horas más o menos. En ese momento, mi paciencia llegó a un limite pero sabía que me tenía que controlar, los horripilantes rostros de mi esquizofrenia se manifestaban ahora en las afueras de mi estudio, estaban resaltantes, inquietos, sulfúricos y no dejaban de emitir sus gritos de lamentos, rodeaban a Ángela con furia, fijándose en ella con detenimiento, como si quisieran poseerla.

Después de una hora, Ángela culmina su lectura y se dirigió a la salida de su facultad, ya era tarde en ese momento, el sol se escondía lentamente y los rostros desaparecieron por completo al ella empezar a moverse. Por supuesto, estuve detrás de ella como una especie de custodio esperando el momento en que el veneno hiciera su efecto.

Tomamos el mismo bus que se dirigía a nuestro sector, como siempre mi ojo estaba fijo en ella, pero ella ni pendiente de mi, a veces me preguntaba si alguna vez habrá notado mi presencia o habrá pasado por su cabeza que la he seguido para tomarle fotografías; pienso que no. Ángela no parecía del tipo de chica que se fijara en alguien con facilidad, prefería salir con sus amistades o con compañeros de estudio que estar pendiente de buscar alguna pareja o novio, esto lo sé porque, como te vengo contando mi querido lector, sé todo sobre ella, incluso he analizado su personalidad.

Al llegar a la parada de nuestro sector, ella se bajó del bus rumbo a su casa y yo, después de unos instantes, me bajé después y fui detrás de ella, comencé a pensar que si el efecto del veneno no actuaba inmediatamente, tendría que tomar acción y aplicar la fuerza para asesinarla, no podía permitir que se metiera a su casa, debía hacerlo aprovechando de que no había nadie alrededor, estaba listo para ello pero tenía que ser cauteloso para no dañar su bella imagen.

Cuando me disponía a tomar acción, Ángela comenzó a toser muy fuerte, era el cianuro que estaba haciendo su efecto; la tomé de entre mis brazos y la llevé rápidamente a mi casa, antes de que se pusiera peor, tape su boca con mi mano para evitar que emitiera sonido alguno, era tan liviana y frágil al tacto, que fue muy fácil llevármela, menos mal que vivía a solo unos pasos de la parada y no había ojos incautos alrededor.

Al entrar a mi casa, la coloco en el suelo de mi sala mientras ella convulsionaba, yo me arrodillé mientras observaba como moría, me dio un sentimiento de pena mezclado con felicidad en ese momento, se formó un nudo en mi estomago, quería tocarla una vez mas pero tenía que aguantarme hasta que estuviera completamente inmóvil y sin vida, las pupilas de sus ojos se posaban en todas las direcciones mientras convulsionaba, hasta que finalmente, dejó de moverse por completo con espuma saliendo de su boca.

Fue cuando la emoción me hizo tomarla en mis brazos, revelando una sonrisa tan gigantesca que solté una risa de gozo que no pude contener. No me quedé varado, y comencé con todo lo demás inmediatamente, cerré la puerta de mi casa con llave y también cerré las ventanas y las cortinas, busqué mi cámara y reubiqué todo mi estudio para la especial ocasión, los horribles y escandalosos rostros comenzaron a molestarme, y estaban mas intensos que nunca, ahora se la pasaban levitando por todas partes, de un lado a otro, y yo solo agitaba mis brazos para alejarlos, no quería que me perturbaran en aquella perfecta ocasión.

Luego de haber preparado todo, comencé a posicionar a Ángela en distintas poses y ángulos que jamás fotografíe cuando la perseguía. Usé mi silla especial para ello, y mientras capturaba su hermosa imagen con mi cámara, me di cuenta de que aquello era mucho mejor que lo anterior. Cuando fotografiaba a la vivaz y radiante Ángela, estaba bien, pero fotografiar su cadáver sin vida era ¡Muchísimo mejor! Su expresión inanimada e inexpresiva me inspiró más y más, hasta que… Logré capturar una imagen que me llenó de gozo y satisfacción.

Aquel ángulo que había capturado de Ángela era el de una diosa divina y necrótica, mis ojos no dejaron de mirar aquella fotografía, incluso hasta la iluminación fue perfecta, llena de majestuosidad, era algo, como decirlo… Bueno, no consigo la palabra correcta, podría ser trascendental, pero siento que eso sería muy poco, ya que fue algo que hizo que los pálpitos de mi corazón se aceleraran y se convirtieran en campanadas, como si estuviera enfrente de algún hecho bañado de gracia y gloria.

Finalmente, después de todas las sesiones de fotografías que había hecho, me quedé observando el cadáver de Ángela hasta que se hizo muy tarde y el sueño invadió mis ojos por completo, envolví su cuerpo con bolsas negras de pies a cabeza y lo sellé con cinta adhesiva. Lo coloqué cuidadosamente en una enorme caja de cartón que había preparado especialmente para ella, y de acuerdo a su tamaño. Cerré la caja y la coloqué de vuelta al pequeño cuarto donde se encontraba, me puse ropa mas cómoda y me eché a dormir, esa noche no tuve parálisis ni horrores nocturnos, fue una de las pocas noches tranquilas que he tenido en mi vida.

Al día siguiente me levanto con ganas de seguir trabajando, ignoré todo lo demás y fui directamente al pequeño cuarto para destapar el cadáver de Ángela, pero, al verlo… Me invadió un terrible sentimiento de tristeza, el proceso de descomposición ya había hecho su notable trabajo en ella, y de su hermosura solo quedaron vestigios. Sus hermosas y delicadas fauces estaban torcidas y pálidas, y sus ojos color ámbar habían perdido su brillo, su piel había perdido su color, y su cabello estaba seco como el afrecho, su aspecto me causó una angustiosa melancolía aunado a un sentimiento de culpabilidad que me corroía rápidamente.

¡Oh! ¿Qué es lo que hecho? ¿Cómo pude permitir que mi ambiciosa e incontenible obsesión desterrara de este mundo algo tan divino y bello?

No podía permitir que su mancillada imagen se siguiera deteriorando, así que en honor a ella decidí hacer algo al respecto. Conseguí algo de combustible y esperé a que llegara la noche, tomé el cadáver de Ángela envuelto con nuevas bolsas negras y lo llevé a un terreno inhóspito y baldío. Junté una pila de maderas que estaban por allí, las rocié con el combustible y luego al cuerpo de Ángela, lo coloqué sutilmente encima de la pila de maderas y las encendí. La llamarada se hizo gigantesca, como mi grito de arrepentimiento, fue demasiado difícil apartarme de ella, terminé la noche con sollozos y alaridos que casi no me dejaban respirar. Pensé que esa noche había terminado ahí, pero después me di cuenta que me equivoqué.

La mañana siguiente fue de impactante sorpresa para mi, dos policías tocaban a mi puerta con mucha fuerza preguntando por una chica desaparecida, y llegaron a mi según la denuncia de un vecino que me había visto en la madrugada llevando algo parecido a un cuerpo sellado en bolsas negras. Desperté con terribles dolores de cabeza, una botella de sangría vacía al lado y el cuerpo envuelto en cenizas, también había una jarra de cerámica junto a mi que contenía pocas de esas cenizas también, y sobre entendí, que fui dominado por un estado de fatídico trance llevándome las cenizas del cadáver de Ángela a mi lado

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