El guayabo

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¿Quién no ha sufrido alguna vez de un guayabo? Curiosamente, padecer de un guayabo entreteje una curiosa paradoja: es uno de los pocos dolores en el que lo padece lo puede alargar hasta donde sea su gusto. No es lo mismo sufrir de un raspón, echarse alcohol y abanicarse rapidito para que pase el ardor; o fracturarse un brazo y esperar enyesado como un Cristo crucificado que el hueso decida sanar. En este caso no. Aquí el enguayabado es quien decide a voluntad los alcances del guayabo, su duración y término, como un traje cortado a la medida.

Hay un conjunto de mecanismos psicológicos que intervienen en el guayabo, que determinan su mayor o menor intensidad. El guayabo es uno de los dolores más respetados que pueda haber en una sociedad. Así como es una conducta aceptada socialmente ver a los deudos del difunto bataqueándose contra la urna que contiene los restos del finado, a los enguayabados se les guarda un cierto respeto a la hora de las demostraciones de su dolor y congoja. Hasta los machos más resabiados tienen su momento cuando repentinamente salen corriendo con los ojos arrasados en lágrimas, y llega algún benefactor con la gravedad del caso que explica a la concurrencia: “déjenlo, es que terminó con su novia hace poco”, levantando una ola de solidaridad y los consiguientes diagnósticos de los más sabios exenguayabados.

Es necesario distinguir entre los diferentes elementos que intervienen en el desarrollo del guayabo. No es nuestro propósito convertirnos en expertos en la materia, pero hemos podido distinguir las siguientes etapas:

Negación: nadie admite un guayabo a la primera (¿Quiéééén?, ¿Yoooooo? No vale).

Duda: ¿será verdad? (tú los viste, te lo/te la pasaron por el frente).

Culpa: ¿qué hice mal? (tarde piaste, ni que baje Dios).

Expectativa: esa/ese vuelve (espera sentado y apriétalo duro contra el taburete).

Reafirmación del yo: que sea feliz (modo machito llorón/arpía desplumada).

Y mientras se desarrolla el guayabo, y aunque los expertos recomiendan las acciones a tomar para hacer más llevadero el proceso, por lo general a los afectados les pasa o hacen todo lo contrario:

1.- Hable de su dolor: pero no se pase de maraca. Siempre existirá el hombro amistoso que gustoso se prestará como paño de lágrimas, o por lo menos para enterarse del chisme. Muchos grupos de amigos se esfuerzan sinceramente por hacer sentir confortados a los enguayabados, y organizan convites a propósito para distraer al amigo de sus penas del corazón. Se recomienda ampliamente aprovechar estas expresiones de apoyo de los amigos para desahogarse y poder hablar libremente de su situación. El problema se presenta cuando después de cierto tiempo, los panas que apoyaron al principio dejan de contestar las llamadas, ya no te visitan ni te invitan a salir, y se hacen los locos cuando te ven en la calle, porque ya pareces un disco rayado con tanta lloradera. A partir de allí, empieza el chalequeo en firme.

2.- Evite los sitios que puedan hacer recordarle la relación anterior: como ocurre con frecuencia, vuelve la burra al trigo. Van tres veces al día a visitar el parque donde se conocieron cuando los atracó el mismo malandro; o frecuentan con más asiduidad la arepera donde iban juntos a comerse enamorados sendas arepas rueda de camión de cochino, guayanés y aguacate, con par de tobos de jugo de fresa sin azúcar, para guardar la línea. Otros, en alarde de lo más desgarrador del dolor paroxista, cometen la imprudencia de visitar a los familiares de la antigua pareja, para hablar de vez en cuando con ellos Esto puede ser contraproducente, especialmente si la nueva pareja es miembro de un cuerpo élite de inteligencia militar o especialista en el manejo de la katana japonesa.

3.- Procure guardar o botar todos los objetos que le recuerden a su expareja: para nada lo hacen. Si es la foto de los días felices en la playa, tan chévere que lo pasaron a pesar del plaguero y el mar de leva, la amplían y la ponen tipo fotomural en la sala. Los Cds que compraron juntos con los éxitos de Armando Manzanero y José Luis Perales, los reproducen al calco de una tortura china sónica, hasta el punto de que la junta de condominio del edificio los cita a la alcaldía para firmar una caución y una orden de alejamiento. Y algunos masoquistas llegan hasta el colmo de dormir acompañados con el pañuelo, la franela o el interior sucio que dejó olvidados el otro cuando se fue.

4.- Mantenga la mente ocupada: nada que ver, la mala suerte lo perseguirá. Si luego de un desengaño amoroso decide iniciar estudios universitarios, que casualidad, su antigua pareja decide también inscribirse en la misma universidad. Por eso de que el ejercicio libera endorfinas y cura la depresión, usted procura iniciar un programa de entrenamiento en un gimnasio cualquiera, y sorpresa, su ex está en el mismo gimnasio, y el entrenador de “pilates” es su nuevo novio. Y si se le ocurre viajar al extranjero, descubrirá estupefacto que en el mismo crucero alrededor del mundo donde usted va, su antigua novia pasa su luna de miel.

Mejor intente armar un rompecabezas en casita.

@ElMalMoncho

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