El Horror en la Casa Rothschild

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Por: Elver Sánchez.

El escepticismos es el arma utilizada por aquellos entes de lo paranormal en este mundo, volviéndonos ciegos para ellos poder reproducirse y hacerse mas fuertes, juegan un papel importante en nuestra vida diaria, los escépticos no son capaces de combatir aquello que va mas allá de lo ya imaginado, yo me colocaba en ese grupo de escépticos cuando me tocó vivir esa terrible experiencia, que de verdad no quiero volver recordar, no pude eliminar lo que pasó de mi memoria, esto que estoy apunto de contar, me ha marcado hasta el día de hoy; mi nombre es Renzo Urribarri, y esta fue mi experiencia.

En aquel entonces, era estudiante tesista de la carrera de Letras mención Historia del Arte de la prestigiosa Universidad de los Andes en Mérida; mi trabajo de investigación de pregrado era sobre la influencia del arte victoriano en Maracaibo durante principios del siglo XX, mis investigaciones sobre el tema, me llevaron al conocimiento sobre una casa en la urbanización los Haticos, la cuál, fue construida el 1905 por una familia de inmigrantes ingleses empresarios, que querían extender su comercio en la ciudad portuaria, la casa fue construida al gusto de Ronald L. Rothschild y su esposa miembro de la nobleza británica Lady Emma Von Rothschild; matrimonio de alta cuna procreador de cuatro hijos, Josephine Rothschild la mayor, Steven A. Rothschild y sus dos hermanas menores, que eran gemelas, Eleonora y Katherine Rothschild.

Fueron una de las familias mas acomodadas y prestigiosas de Maracaibo, sus negocios iban muy bien, hasta que una terrible tragedia destelló en la familia contra todos sus miembros, nadie sabe lo que pasó y los registros históricos no cuentan nada de lo sucedido, se dice que fue un homicidio donde toda la familia cayó presa pero nunca se encontró al asesino o asesinos, el cuál, fue el caso mas extraño ocurrido en la ciudad; de cualquier modo la casa aún sigue ahí, fue habitada según los registros por los descendientes directos de uno los hijos mayores, Steven Rothschild, incluso hoy en día, la única habitante de la casa es la señora Margarita Rothschild, la cuál ha vivido en la casa toda su vida. La historia de la casa y la manera tan artística y arquitectónica en la que fue construida hizo que me llamara mas y mas la atención, ya que fue construida a la manera gótica y victoriana que tanto iba a trabajar en mi tesis, se decía también, según las fuentes orales y escritas que la casa estaba repleta por dentro de cuadros y esculturas al puro estilo victoriano, ya que Ronald Rothschild y su esposa, eran muy amantes de este arte, era todo perfecto y como tenía familia en Maracaibo y el dinero para poder quedarme el tiempo que fuese necesario, decidí embarcarme a la tarea de ir y postular una cita con la señora Rothschild para hacerle una entrevista, con el consentimiento de mi tutor, dejé todo preparado para ir.

Dos días después, en la madrugada del 21 de Junio del 2013 fui a Maracaibo y me quedé en casa de mi abuela, en la Limpia, desempaqué cansado buscando algún numero telefónico con el que pudiera comunicarme con la señora Margarita, pero no existía ninguno en la agenda, así que decidí ir a aquella urbanización y empecé a preguntarle a los vecinos mas cercanos acerca de la casa, pero ninguno me daba información detallada o algo coherente referente a ello, ni siquiera un número de teléfono para llamar, me decían que no prestaban mucho atención a esa casa ya que casi nunca se ve a alguien salir o entrar, varias veces han venido otras personas ha comprarla pero por alguna razón, los compradores renunciaban al negocio y fijaban sus ojos en otros terrenos, ni siquiera está censada y nadie se acerca siquiera a pisar el frente; no se si era mi atracción por lo curioso y lo extraño pero cada historia que oía acerca de la casa hacía que me llamase mas y mas la atención, así que me dirigí hacia allá y pude admirar lo notoria que se ve del resto de las casas de la urbanización, con su estilo clásico de la arquitectura victoriana, estaba curiosamente bien conservada como si un manojo de albañiles estuviesen reconstruyéndola a cada rato, estaba mas aislada que el resto, pero me dirigí a los vecinos de la casa de enfrente y les pregunto sobre la casa, si existe alguien, aparte de la señora Rothschild que vivía allí, el señor, había vivido enfrente de la casa Rothschild toda su vida, tenía ya unos 49 años con esposa e hijos, me dijo que nunca vio salir o entrar a la señora Rothschild pero si a la señora Lucia, la empleada de la casa, es la única que sale y entra y ha trabajado allí desde que era una joven; lo que me decía el vecino de enfrente era tan raro como las otras historias de los demás vecinos, pero era tan crucial que tenía que intentar una cosa, y era el de esperar a la señora Lucia para ver si me podía conceder una cita con la señora Rothschild, ya que algo me decía que no me llegase así de imprevisto.

Al otro día me levanté bien temprano, para dirigirme de nuevo a la casa Rothschild sin tener la certeza de encontrarme con la señora Lucia, fui muy callado al salir ya que no quería despertar a mi abuela, le dejé en su celular un mensaje dejándole saber de que ya había salido de nuevo a la casa Rothschild, compré unas empanadas y un jugo en la calle y desayuné por los lados de la urbanización, el vigilante, al que ya le había explicado todo el día anterior, me dejó entrar sin problemas, y le pregunté a que horas llegaría la señora Lucia a la urbanización; me dijo que no me podía responder ya que ella muchas veces se queda en la casa y ayer no la vio ni salir ni entrar, así que, sin muchas esperanza, me quedé esperando enfrente de la casa del vecino de enfrente por una hora y media mas o menos, hasta que veo que de la puerta principal, sale una señora mayor de cuarenta y tantos años vestida con ropa de empleada domestica, supuse que era la señora Lucia así que me le acerqué antes de que saliera del área de enfrente de la casa y me presento, explicándole mi llegada y propósito de hablar con la señora Rothschild si es que esta se encontraba dentro de la casa, porque dentro de mi lo estaba dudando.

La señora Lucia me miraba con ojos de sorpresa y tal vez un poco de pánico, sus ojos estaban muy abiertos y se notaban bastante cansados, como si no hubiera dormido bien anoche, me dijo que me alejara de la propiedad y que no volviera nunca más ya que la señora Rothschild nunca me iba atender, puesto que siempre se la pasaba ocupada, su respuesta me extrañó mucho pero no iba a aceptar un no como respuesta hasta hablar con la susodicha dueña de la casa; pero de nuevo me dijo que me alejara y que no volviera, pero esta vez con un tono de súplica que me dejó sin palabras, en ese momento, la puerta de la entrada se entre abre, asomándose una voz dulce, aguda y serena, como de una persona muy amable:

– Lucia, ¿Quién está ahí contigo? – Dijo la mujer detrás de la puerta.

– Es solo un muchacho señora, que dice que quiere hablar con usted para su tema de tesis.

En ese momento, sabía que se trataba de la señora Rothschild detrás de la puerta entre abierta, no podía verla, ya que la entrada de la casa estaba como cubierta por un aura oscura y no había mucha entrada de luz.

-Ya veo – Dijo la misteriosa mujer – Entonces has que pase ¿Qué esperas? Seguro que tiene un buen rato esperando.

En ese momento la señora Lucia me señala con la mano la entrada de la casa para que pase y yo me dirijo hacia la puerta, al subir las pequeñas escaleras de entrada hacia el pórtico, sentí como una especie de ambiente tranquilo y pacífico, era como estar en brazos de mi madre siendo un niño en una mecedora. Al entrar por fin a la casa, me quedé maravillado por lo que había visto adentro, era como cruzar una puerta del tiempo hacia otra época, incluso hacia otra ciudad, la sala de estar de la casa era de una clásica casa victoriana, el piso y las escaleras de madera hacia el siguiente piso, las paredes tapizadas con arte floral gótico, la alfombra en el medio hilada de manera detallada, al igual que el espejo y la mesita de enfrente, hecho artísticamente para el buen gusto de un conocedor del arte, las entradas de izquierda y hacia enfrente con marcos de madera perfectamente barnizado, todo se veía pulcro e impresionantemente bien cuidado, para ser una casa tan antigua de madera. Luego escuché una voz que me invitaba a pasar a lo que parecía ser la sala de las visitas, entro y ahí estaba, la señora

Rothschild en persona, era una mujer alta, con una piel blanca y tersa, para ser una mujer de edad, su cabello era de color rubio anaranjado y rizado, los ojos color verde esmeralda y una sonrisa llamativa, era una mujer muy hermosa lo cual no me esperaba, pero lo que menos me esperaba aún mas, era su forma de vestir, llevaba un vestido marrón oscuro de estilo victoriano, no se si era que se los probaba o estaba jugando a que era de otra época, para hacerle honor al ambiente de la casa; se dio cuenta de mi reacción y soltó una sonrisa y me dijo que el vestido era de la hermana de su bisabuelo, Josephine Rothschild, y que cuando está dentro de la casa se los pone todos, me pareció raro pero a la vez gracioso, la saludé y mientras miraba los hermosos candelabros de bronce colgados en el techo, la señora Lucia le explicó el motivo de mi visita, la señora Rothschild muy contenta, me invitó a sentarme y le pidió a Lucia que trajera café para tomar, nos sentamos y empezamos a conversar, era una mujer muy inteligente, carismática y de buen sentido del humor, se sentía muy bien hablar con ella en especial sobre arte, me habló de su familia y de su descendencia inglesa, su bisabuela era nativa de Maracaibo, de familia pudiente igual que los Rothschild, se casaron antes de la gran tragedia que cayó sobre su familia, pero la descendencia no se perdió y el linaje llegó hasta ser ella la última descendiente, por la manera en como me lo decía, parecía que la señora Rothschild hablaba como si se tratase de un recuerdo triste, es decir, como si ella hubiera estado ahí, parecía absurdo, eso pensé, pero eso me hizo sentir, miraba fijamente a una sola dirección de manera melancólica hasta perder el último bastión de carisma y alegría de su rostro, mientras me contaba su historia, hasta que la señora Lucia llegó con el café, y la vivacidad volvió a reflejarse en ella.

Después del café, la señora Rothschild me mostró el resto de su casa mientras esperábamos el rico almuerzo que lucia preparaba, tomé fotos con la cámara de mi teléfono, cada cuadro, cada pasillo, cada pilar de madera que sostenía la imponente casa, los pasillos eran angostos y bien construidos, y por cada cuadro que veíamos, se tomaba su tiempo para contarme todo lo relacionado sobre él y sobre su artista, me sentía maravillado era como estar en un museo de arte gótico victoriano al cuál, sinceramente, nunca en mi vida pensé en asistir. Al final del recorrido, en el segundo piso, me llevó a su enorme despacho, donde tenía una extensa biblioteca, libreros de madera y hasta las mesitas del medio tenían enormes libros de pasta dura y costosamente trabajada, pero lo que mas me impresionó, fue el enorme espejo al fondo, no dudé dos veces de tomarle varias fotos y de distintos ángulos al magnifico espejo, que tenía dos metros de altura y uno y medio de anchura, por lo que pude calcular, el hermoso marco dorado había sido cincelado por las manos de un genio, era como la entrada a otro mundo en un cuento de hadas, el marco tenía la forma de raíces de arboles y hojas doradas que lo hacían ver como algo mágico.

Estaba tan maravillado que quería tocar el marco, pero al intentar hacerlo, la señora Rothschild tomó mi brazo con fuerza y lo apartó bruscamente, me dijo con voz ruda y enojada que no tocara el espejo, ya que podría tropezarme y lo podría romper.

Noté que su apacible mirada se había convertido en una tempestad de ira y sus ojos destellaban furia y preocupación, al dar unos pasos hacia atrás, la señora Rothschild y su ambiente de ira fue desapareciendo rápidamente y soltó una carcajada de tranquilidad, me dijo que me calmara, que no pasaba nada, pero que no osara volver a tocar el espejo; en ese momento le seguí la corriente, y fingí una sonrisa de calma y serenidad como si nada hubiera pasado.

Luego me invitó a salir y en ese instante Lucia aparece, para avisarnos de que el almuerzo ya estaba listo, después de conversar un poco más durante el almuerzo y de terminar la comida, la señora Rothschild me invitó a quedarme a dormir en su casa, yo no estaba seguro, es más no me pareció buena idea, pero me dijo argumentando que así podría sacar toda la información necesaria en un día para mi trabajo de mi investigación, y que además era bueno tener visitas y hacer nuevas amistades, aún así no estaba muy seguro, pero terminó convenciéndome ya que su insistencia y argumentos eran cada vez mas certeros.

Al llegar la noche y después de una rica cena y conversación productiva, la señora Rothschild le pide a Lucia que me lleve a la habitación de huéspedes, que por cierto, estaba llena de muchos estantes con libros y un baño privado, era bastante espaciosa y con una cama grande, a pesar del calor que había afuera, la casa por dentro siempre se mantenía fresca, el motivo lo desconocía por aquél entonces y también lo ignoraba ya que me parecía perfecto y no sufriría la perturbación de algún aire acondicionado ni el ruido de un ventilador rechinante y falto de aceite.

Lucia se retira llevando la mirada fría, sin dirigirme una palabra, su personalidad me pareció un poco chocante desde que la conocí, a diferencia de la señora Rothschild que ha sido tan gentil en especial por dejar que me quedara en su casa para terminar mucho más rápido mi tesis, solo pensaba en lo increíble que sería poner toda esa experiencia en mi trabajo, en hablar con mi tutor y dejarlo impresionado por toda esta vivencia, de que conocí a la señora Rothschild, última descendiente de su familia.

Al revisar la extensa biblioteca, tomé un libro y me puse a leerlo, era una novela histórica sobre la guerra civil española que estaba disfrutando mucho, pero de repente mis párpados comenzaron a pesarme y quedo dormido con el libro encima de mi, esa noche recuerdo haber tenido un horripilante sueño de criaturas que se atacaban las unas contra las otras, tenían garras y piel escamosa, y sus ojos tan negros y vacíos como la noche, estaban peleando en una especie de desierto, era de noche y en el centro de la batalla había un cristal rojo y brillante que titilaba cada vez mas y mas rápido, hasta que al final, soltó un brillo incandescente y se rompió en mil fragmentos, y las criaturas que peleaban entre sí estaban en el suelo, inmóviles, y luego un sumidero en el centro del desierto se hacia cada vez mas enorme y lo arrastraba todo, incluso a mi, traté de conseguir algo con que sujetarme pero no había nada a mi alrededor y caí en el vacío de arena gritando despavorido.

En ese instante despierto agitado lleno de arena, como en el sueño, no entendía que estaba pasando y como esa arena llegó allí, me levanto de la cama y miro debajo de esta y no veo nada fuera de lo usual, sino mas arena; el sueño fue tan impactante que no quise volver a dormir, hasta que vi una luz que se asomo a los pies de la puerta de la puerta de mi cuarto y escuché unos pasos pisando con fuerza la madera del piso del pasillo, me puse los zapatos y me dispuse a averiguar que era, a lo que me asomo, veo que la luz sale del despacho de la señora Rothschild, así que me acerqué y aproveché que la puerta estaba medio abierta para echar un vistazo; y vi a la señora Rothschild sentada frente al enorme espejo y lo que vi a continuación, me dejó hasta sin aliento, el reflejo de la señora Rothschild, no era ella, la figura que se divisaba era la de un monstruo de piel de reptil y ojos negros como la noche y garras de zarpa, como los de mi sueño, vestido igual que la señora Rothschild, y en ese momento comprendí que era ella misma, pero en su reflejo era la forma de esa horripilante criatura; el tenue resplandor emanaba de la parte superior del espejo, dejando al descubierto un cristal rojo, no entendía que estaba pasando y que era lo que estaba haciendo, miré con asombro que murmuraba frente a su horripilante reflejo y caminaba rápidamente de un lado a otro, como pensativa, y de repente se detuvo, y soltó una espantosa carcajada, luego diciendo:

– Se que te ocultas detrás de la puerta, porque no dejas el juego y te revelas ya-

Estaba paralizado, no podía moverme siquiera para huir, pero al momento de soltar otra carcajada una fuerza sobrenatural me empuja hacia adelante adentrándome a la habitación, y luego las puertas de la entrada se cierran al instante; y ahí estaba yo, frente a ella, no sabia lo que era ni que iba hacerme, pero su mirada maléfica ponía al descubierto un plan siniestro para mi, no dejaba de ver su reflejo, ese espantoso monstruo reptiliano que en verdad era ella, luego colocó sus manos hacia atrás, dio media vuelta diciendo, que ahora que ya sabia su secreto lo mejor sería que me uniera a él, y luego se voltea rápidamente y agita sus manos con fuerza, y al hacerlo el piso empezó a temblar, los libros en los estantes caían al suelo como piedras, y debajo de mi un charco de sangre empezó a brotar extendiéndose por todo el suelo, y yo seguía ahí paralizado de miedo, no sabia que hacer, mis piernas no reaccionaban pensé en ese momento que iba a morir; de repente, todo se detuvo y el piso dejó de temblar, a continuación la criatura conocida como la señora Rothschild se acercó a mi con un cuchillo enorme, me puse de espaldas pero mis piernas parecían estar en una especie de trance.

Lo último que me dijo antes de querer ensartar el cuchillo en mi pecho fue que no me resistiera, que sería parte de la eternidad, como su familia, me confesó que su verdadero nombre era Josephine Rothschild, la hija mayor, y que había asesinado a toda su familia para sacrificarlos al dios de la vida eterna, e inventó la historia de la descendencia de su hermano y que ella era la última de su familia, su magia se había vuelto tan poderosa que pasaba desapercibida y nadie se metía con ella.

Después de confesarmelo todo levantó el cuchillo con decidida fuerza para clavarlo en mi, pero en ese momento, no se si fue la adrenalina o las ganas de no morir, que doy un giro hacia a la izquierda para esquivar su letal ataque, mis piernas ya habían reaccionado y en ese momento estaba a solo unos metros de ella, mientras que la mortífera criatura trataba de sacar el cuchillo clavado en el suelo, yo intenté idear un plan, entonces miré el espejo y recordé lo de esta tarde y lo colérica que se puso cuando me acerque a el, entonces tomé uno de los libros enormes de la mesita de enfrente de mi y lo lancé con fuerza contra el enorme espejo, partiéndolo en mil pedazos, solo se escucharon cristales rotos y el grito de negación desgarrador de aquella desquiciada mujer, y de repente, de los cristales empezaron a emanar bolas de fuego danzantes que levitaban por toda la habitación, y por un momento, cada una de ellas tomaron figura humana, luego volvieron a tomar forma de bolas de fuego que se abalanzaron en contra de la señora Rothschild, hasta convertirla en una llamarada fulminante, mientras se quemaba su forma reptiliana se fue revelando hasta convertirse en una estatua de cenizas, que después se desmoronó.

Todo pasó tan rápido que no sabia como digerirlo, en ese momento, Lucia entro con un libro en sus manos y me lo dio, me dijo que lo quemara, para terminar por fin con todo esto, al decírmelo su cuerpo también se convirtió en una llamarada hasta volverse polvo; no podía creer lo que acaba de pasar, pero antes de hacer lo que me pidió Lucia, le eché un vistazo a el libro; contenía símbolos, escrituras extrañas, hasta ilustraciones de hombres mitad reptil adorando lo que parecía una especie de deidad semejante a ellos; en ese momento me detuve, no quería seguir leyendo y busqué el encendedor de la cocina para quemar el maldito libro sobre la mesa, después de ser completamente consumido por el fuego, la casa empezó a temblar y las paredes a corroerse, la madera se ponía vieja y podrida y la tapicería se desprendía y se derretía, todo se empezó a desmoronar, así que corrí hacia la entrada principal hasta la calle, y vi como la casa implosionó de una forma sobrenatural, hasta hundirse dentro de la tierra en que fue sostenida, me quedé por unos minutos varado y me puse de rodillas pensando en todo lo que había pasado, y me pregunté si alguien se había dado cuenta de lo sucedido.

Al día siguiente, me desperté cansado y muy golpeado en mi cama en Mérida, me levanto impulsado frenéticamente por la impresión de como había vuelto, si anoche estaba en Maracaibo viendo la casa Rothschild hundirse en su implosión, traté de recordar pero todo fue borroso después de eso, solo recuerdo que mi visión se ennegreció y luego al despertar, estaba allí, en mi casa…

Voy rápidamente a buscar mi teléfono para buscar las fotos que había tomado dentro y fuera de la casa Rothschild, pero ninguna estaba, no podía creer que fuera posible que todo lo que había vivido el día anterior fue sólo un sueño o una jugarreta de mi imaginación; incluso la información que había recopilado tampoco estaba, me dirijo a la computadora y busco en internet sobre la casa Rothschild, en la urbanización los Haticos de Maracaibo, pero no había nada, como si nunca hubiera existido, nunca se construyó una casa similar en aquella zona, pero, si la casa Rothschild nunca existió ¿Cómo es que todo lo que había sucedido el día anterior estaba en mi memoria?

Descarté la idea de que todo fue un sueño, yo se que no lo fue, pongo mis manos en la cabeza tratando de pensar y reflexionar por todo pero no encontré sentido alguno, y entre más me entrañaba en buscar respuestas no conseguía ninguna.

Al final, decidí olvidar el tema, pensé en otro tema de tesis, ya no quería tener nada que ver con cualquier cosa que tuviera que ver con esa casa, incluso el tema del arte victoriano era insólito para mi, continué mi vida como si nada pero marcado con la terrible experiencia que jamás iba a olvidar, de lo que viví en esa casa de espanto, lo llevaría mas que como un miedo una maldición de que, las cosas no son lo que aparentan y que este mundo la venda del escepticismo es creado por esos seres ocultos y clandestinos, nunca hablé sobre esto con nadie, nunca me permití pensar que estaba loco y nunca volví a mencionar conmigo mismo, hasta hoy día, el horror que viví en la casa Rothschild.

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