El Morador de la Ciudad Enterrada

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Por: Elver Sánchez

En estos momentos estoy recobrando de nuevo el habla, y la soltura reminiscente de mi mente comienzan a retroceder desde el principio de esta historia plagada de desgracia y horror, aún sigo anonadado pero consciente de todo lo que viví recientemente, las desdichadas circunstancias que atacaron a mis mejores amigos y colegas fueron de gravedad trágicas y fatales. Mis recuerdos serán los relatadores del terror al que logramos salir pero marcados por fuerzas malignas por el resto de nuestras vidas.

Nosotros somos arqueólogos especializados, fuimos seleccionados por un grupo de doctores que estaban haciendo un trabajo en el norte de Libia, excavando los yacimientos de una zona poco tocada por el país, la llamaban “Tierra de demonios” y las personas evitaban si quiera atravesar ese lugar, por los terrores que según lo que contaba la gente, albergaba.

Para nosotros eran simples supersticiones, pensábamos más bien, que lo que íbamos a encontrar allí eran tesoros y conocimientos de una sociedad antigua jamás descubierta anteriormente, y efectivamente así fue, dejando de lado un oscuro detalle.

Mis mejores amigos también arqueólogos, Raquel y Francisco, también fueron seleccionados para la expedición, eran un matrimonio feliz aunque deseaban que el destino los apremiase con un hijo en sus vidas, cosa que no era posible ya que eran incompatibles para concebir, pero recientemente tomaron la decisión de adoptar un niño luego de dicha excavación.

Nos habíamos graduado juntos de la Universidad Central de Venezuela y nuestra amistad se mantuvo desde el comienzo de la carrera hasta ahora. He sido testigo de ver su amor florecer, desde la universidad siempre pensé que se mantendrían unidos, incluso me sentía afortunado de tener amigos tan buenos y especiales como ellos.

Me encantó la idea de trabajar junto a ellos en especial en un proyecto tan grande e importante como el que nos tocó, pero ahora me arrepiento, ojalá ellos nunca hubieran venido y se hubieran ahorrado esto que quizás fue lo peor que les haya pasado a sus vidas.

El proyecto aún no estaba hecho, nosotros íbamos a ser los pioneros de esta fatídica empresa, si lográbamos completarlo el reconocimiento y el galardonamiento nos iban a estar esperando a la vuelta de la esquina. Nos encontramos todos en Trípoli, y las conferencias estaban llenas de gente de distintos lugares del mundo, obviamente no solo habían arqueólogos, sino también ingenieros, historiadores, paleontólogos, médicos, incluso etnólogos en el proyecto.

Había mucho dinero de por medio, era algo impresionante, al parecer el trabajo que íbamos a realizar estaba siendo financiado por un grupo de intelectuales multimillonarios que se hacían llamar “El Equinoccio” jamás en mi vida había escuchado de ellos, tampoco Raquel y Francisco, pero investigamos un poco luego y descubrimos que no era la primera vez que invertían en trabajos en el campo profesional tan importantes como éste, su dinero siempre iba dirigido a empresas que se encargaban de descifrar los misterios más extraños y ocultos en la historia de la humanidad.

Leímos dos casos distintos en un sitio web sobre redes secretas en el mundo. El primero era sobre un filólogo con doctorado en escritura antigua que casualmente era procedente de nuestro país. Estas personas le habían encargado un trabajo extraño que tenía que ver con la traducción de un libro muy antiguo. A los meses posteriores el pobre hombre se suicidó sin razón aparente.

El segundo caso fue algo similar pero más abrupto. Tenía que ver con un neurobiólogo alemán, los del Equinoccio lo habían contactado por su novedoso trabajo sobre la psiquis del comportamiento humano. Su trabajo consistía en un aparato que tenía la funcionalidad supersónica de modificar el comportamiento de las células del sistema nervioso. Pero extrañamente el hombre fue hallado en su casa por la policía local, aplastado por un librero de madera gigante de su biblioteca que le torció el cuello provocándole la muerte al instante.

Raquel, Francisco y yo, nos miramos las caras con pánico al leer los horribles sucesos, luego reflexionamos sobre ellos y al hacer un breve análisis llegamos a la conclusión de que sólo eran absurdas coincidencias escritas por algún aficionado de lo paranormal, decidimos descartar el tema y nos pusimos a echar manos a la obra sobre nuestras tareas en el trabajo para el día siguiente.

Las primeras semanas fueron de arduo trabajo, preparamos los planos e inspeccionamos detenidamente aquél árido desierto. Los indicios del subsuelo nos dieron una pista para poder proceder a aquella ciudad enterrada de la que lugareños supersticiosos no querían saber nada, para nosotros aquellos perpetradores augurios y profecías malditas sólo eran sinónimos de risa y burla, incluso por las noches relatábamos cuentos para pasar el rato haciendo referencia a las leyendas que se contaban sobre el dichoso lugar embrujado.

Las excavaciones y los puntos de entrada se hicieron cada vez más precisos hasta que conseguimos una entrada primordial, las maquinas y los ingenieros hicieron su trabajo sin dañar la estructura del suelo que tanto habíamos estudiado, para que así no se derrumbara nuestro trabajo. Logramos penetrar lo que parecía ser una de las puertas principales en ruinas, con la tierra encima y las deterioradas construcciones, parecía que hubiésemos entrado a una antesala del horror.

La primera que hizo un crítico pero analítico vistazo a las estelas y símbolos indescifrables fue Raquel, que al verlos con detenimiento soltó después una mirada de asombro y exaltada manifestación de emoción. Nos miró a todos con los ojos extremadamente abiertos y expresivos y solo dijo que continuáramos con la expedición, lo cual hicimos sin pistonear ya que todo en ese momento estaba completamente calculado.

Trabajamos ese día sin cesar hasta muy altas horas de la noche, había luna llena y una brisa fresca pero fría. Después de haber recopilado toda la información nos reunimos todo el equipo para exponer las teóricas conclusiones. Francisco y yo tratábamos de seguir el sobresalto de emoción que manipulaba a Raquel, luego de haber analizado aquellas antiguas arquitecturas, llegó por fin a una conclusión que nos compartió con suma alegría.

¡Señores, esto es Zabgrum!- Dijo Raquel con volátil energía, sobresaltada y con el corazón latiendo a mil en su pecho.

Todos los presentes nos miramos asombrados, unos más que otros incrédulos pero a la vez abiertos a la conclusión de Raquel sobre la identidad de aquella misteriosa ciudad. Era obvio que todos estábamos al tanto de la leyenda de la ciudad de Zabgrum, capital del reino de Sogg y la primera ciudad moderna del mundo antiguo, incluso más moderna que Roma, pero para nosotros era solo un mito utópico, como la Atlántida o El Dorado. Sin embargo, para Raquel, era todo lo contrario, de hecho la búsqueda de Zabgrum fue lo que la inspiró en convertirse en arqueóloga, puesto que si Heinrich Schliemann descubrió la mítica ciudad de Troya mencionada en la Iliada de Homero, ella podría pertenecer al grupo de trabajo que descubrió la ciudad de Zabgrum, mencionada en los mitos y relatos historiográficos del mundo occidental.

Como había mencionado, no existió en el mundo antiguo una ciudad como Zabgrum, incluso fue la primera en establecer un sistema de red lumínico en las calles, avenidas y edificios, utilizando candelabros y fuego encendido con petroleo para su combustión. Poco se sabía de ella, más que en los cuentos y leyendas, sin embargo se formularon teorías de su misteriosa desaparición. Según algunos historiadores, la causa de su caída fue que la ciudad se encontraba en medio de un conflicto bélico contra otras ciudades rivales, enemigas del reino de Sogg, lo que conllevó a un agotamiento masivo de los recursos naturales y económicos, provocando hambrunas y emigración excesiva, que terminó en el hundimiento y el colapso de la ciudad hasta su completa desidia.

Otras teorías estipulan que su caída se ejecutó desde adentro, las grandes familias más poderosas de Sogg al no llegar a un acuerdo entre ellas se disputaron en guerras civiles por el trono del reino, ya que el fallecido rey Hairub III no dejó descendencia que continuara con el linaje para gobernar en Sogg. La guerra de sucesión terminó en un proclive devastamiento dejando vulnerable a la ciudad para posteriores invasiones.

Según la mitología, el dios Sharnak, enemigo de Sogg, envió a sus fieles siervos “Los adoradores de la sangre” para corromper la ciudad desde adentro, cuando lograron su cometido la ciudad quedó tan debilitada que su sistema socio político desapareció por completo, y Sharnak terminó arrasando Zabgrum con un devastador cataclismo de criaturas y bestias del averno que devoraron su existencia y la de todos sus habitantes. Después del terrible suceso, Zabgrum quedó maldita y todo aquél que ose pisar la arruinada ciudad y sus alrededores encontrará su más cruel perdición.

Raquel estaba segura de que esa ciudad era Zabgrum, por como estaba constituida. Tenía dos entradas gigantescas e imponentemente construidas, una en el este y la otra en el norte. La entrada del este era llamada la puerta de la luna, mientras que la del norte era la puerta de las estrellas. En el centro de la ciudad estaba el palacio imperial del Sol, donde residía el rey todopoderoso de Sogg, los peculiares y bien ensamblados acueductos distribuían el agua hasta los edificios más altos, en aquellos tiempos debió ser un paradisiaco y eugenésico lugar, las columnas y las casas labradas con pulido y brillante mármol recalcaban en el resplandor de toda su majestuosidad.

Todo aquello concordaba de que era Zabgrum, la ciudad enterrada que estábamos explorando. Yo pensaba en el mito ya que me gustan mucho las leyendas e historias, pero nunca pensé que aquello fuera verdad, sin embargo, varias de las personas con las que trabajábamos si creían en la maldición, y muchos de ellos se fueron como locos vociferando profecías mancilladas de muerte y destrucción. No quedamos muchos los que seguimos en la expedición, debimos irnos también de aquél maldito lugar, de hedor a tragedia y a putrefacción, lo que mas me llamó la atención de Zabgrum era la pila de esqueletos que se encontraban en todo el camino cruzando la gran puerta del este. Era increíble, como si hubiera ocurrido una sanguinaria masacre y muchos de esos esqueletos estaban partidos por la mitad.

Las primeras semanas de trabajo se constituyeron pesadas y no por las labores que hacíamos, sino por el ambiente que se sentía oscuro y lúgubre, siempre me sentía observado, por no un par, sino por miles de ojos que me acuchillaban de todas las direcciones del lugar, me sentía extraño y miraba por todas partes, pero no vislumbraba nada, ni siquiera un leve movimiento más que el de mis compañeros. Fumaba demasiados cigarrillos para controlar la ansiedad, me sentía todo el tiempo incomodo, quería salir lo antes posible de ese lugar, ya no me importaba el dinero y el reconocimiento solo quería irme corriendo de ese sitio perturbador.

Un día todo se volvió más turbio, al escuchar un grito ensordecedor que hizo eco en todas partes, yo estaba con Francisco revisando algunos planos, levantamos las caras y fuimos inmediatamente a ver que pasaba, ya Raquel se encontraba allí junto a otro grupo de personas y encontramos a uno de los excavadores con una herida en el costado derecho perturbadoramente extraña. La herida brotaba chispeando, como si le hubiera caído una especie de ácido. Al preguntarle al hombre que había pasado nos contó algo que jamás pude sacar de mi cabeza.

El pobre sujeto estaba excavando solo en aquella zona, cuando de repente escuchó un fuerte gruñido a sus espaldas… Al voltear, vio con penetrante horror una espantosa bestia tan enorme como un oso. Su rostro era como de un perro rabioso, tenía todo el cuerpo cubierto de pelo, tan negro como la oscuridad de aquél sitio, sus patas delanteras eran como brazos fornidos de hombre al contrario de sus patas traseras que eran de un lobo gigantesco. Sus garras eran amarillentas y ennegrecidas en las puntas y sus ojos eran rojos y brillantes, como dos rubíes encendidos con una luz tenue que emanaba con fuerza. La criatura comenzó a erguirse en sus dos patas traseras lentamente sin apartar la mirada de el desafortunado hombre, y cuando estuvo completamente recta, se abalanzó hacia él en un parpadeo, dejándole una espantosa herida y un grito desgarrador.

Todos los presentes nos miramos las caras horrorizados y llenos de pánico y al ver la extraña herida, unos más que otros nos espantamos mientras los médicos se llevaban al hombre al cuarto de salud. Los médicos hicieron todo lo posible por sanarlo pero ya nada se podía hacer, la herida rápidamente pasó a una fase de necrosis horripilante y muy peculiar, pudriendo la carne e infectando el resto del cuerpo, los antibióticos no hacían ningún efecto y la herida comenzó a despedir un olor tan fétido e insoportable al olfato que los médicos y enfermeros salieron fatigados de la habitación. Pocas horas después el hombre feneció, con las venas del cuerpo brotadas y oscurecidas y la piel excesivamente pálida, las pupilas de los ojos hacia arriba y los labios le quedaron con un color verde fango. Era bastante desagradable a la vista, tanto como el hedor.

Aquél día solo fue un esbozo de lo que vendría a continuación, yo de verdad no quería quedarme, iba a tomar mis cosas y largarme de una vez, pero pensé en Raquel y Francisco y fui directamente a ellos para convencerlos de que se fueran conmigo. Francisco estaba dispuesto a marcharnos, pero Raquel estaba totalmente disidente aunque el miedo hacía presencia en su mirada.

-Sólo necesito un día más ¡Por favor!- Dijo Raquel en forma de súplica pero con mirada firme. El descubrimiento de la ciudad y la expedición eran todo para ella, era su sueño desde joven y no pensaba abandonarlo fácilmente, quería continuar a pesar de los sucesos que por su obsesión se habían vuelto tan triviales para ella. Francisco debió imponerse en ese momento, debió sumar templanza ante su aptitud y obligarla así sea por la fuerza a irse de ese maldito lugar, pero no hizo nada y yo tampoco lo hice, solo me quedé boquiabierto viendo como Francisco cedía ante la locura de Raquel.

Oh, como me arrepentí en ese momento, debí tomar un arma y obligarlos yo mismo a que salieran corriendo para salvar sus vidas, tenía tantas ganas de decirles tantas cosas pero por cobardía e inutilidad de mi persona no hice absolutamente nada. Juro por Dios que los hubiera matado de la manera más brutal solo por no verlos sufrir como lo están haciendo en este momento.

Otra bestial muerte ocurrió horas posteriores ese día, mientras yo estaba reflexionando en mi carpa solo buscando una solución a todo este espantoso embrollo, dos hombres de la expedición habían sido descuartizados y sus vísceras y órganos esparcidos por el suelo del lugar. La escena fue vomitiva, nuestros estómagos no lo pudieron soportar. Un hombre que estaba escondido en una pila de rocas que simulaban ser una cueva pequeña presenció a medias lo sucedido.

El tembloroso y asustado hombre solo pudo vislumbrar una silueta negra y gruñidora que con bramidos roía los cuerpos ahí desparramados, los hombres no emitieron ningún sonido, puesto que todo ocurrió tan rápido que no les dio tiempo ni de gritar. El hombre metido en su escondite vio como chispeaba la sangre y se esparcían los trozos de carne, estaba apunto de desmayarse en ese momento cuando la extraña figura que parecía ser la de un lobo gigante se alejó de un salto a una increíble velocidad.

Esto fue la gota que rebasó el vaso y mientras se llevaban al casi catatónico testigo yo aproveché para tomar todo lo que pude e irme de ese lugar plagado de muerte, pero me di cuenta que estábamos atrapados, los autos que nos habían traído a la zona de excavación habían salido a la ciudad más cercana en busca de provisiones para nosotros y no regresarían sino hasta la noche. Me lancé al suelo arenoso cargado de ira y desesperación, no eramos muchos los que estábamos allí y al parecer, a los inversores no les importaba para nada lo que ocurría, ya que estaba seguro que ellos estaban al tanto de todo. Si los proyectos que financiaban siempre terminaban así, yo solo podía esperar lo peor.

Mientras me encontraba en las afueras de la excavación, sentado sobre la arena esperando la llegada de los automóviles, Francisco vino por mi para hablar conmigo sobre llevarnos a Raquel por la fuerza, conversamos sobre nuestro plan hasta que la noche nos cayó encima. Hasta que los gritos más desgarradores que había escuchado me levantaron con furor de mi ensimismamiento.

-¡Noooo! ¡Noooo! ¡Déjame ir! ¡Aléjate! ¡Auxilio por favor! ¡Ven Francisco ayúdame! ¡Ayúdame!- Los gritos eran los de Raquel. Corrimos a socorrerla rápidamente y con tropiezos de locura. Al llegar, Raquel estaba tirada en el suelo, gritando, agitando los brazos, las piernas y la cabeza como si tuviera un ataque de convulsiones. Francisco y yo nos abalanzamos a ella y tratamos de calmarla hasta que abrió los ojos, abrazó a Francisco con mucha fuerza sollozando, el corazón se le iba a salir del pecho y el habla lo había perdido por completo.

Cuando recobró por fin el aliento, Raquel nos contó la más horrible pesadilla que se sintió tan real como para casi causarle un ataque cardíaco. Soñó que estaba postrada en el suelo sin poder moverse, y una criatura licántropa de ojos rojos y brillantes estaba encima de ella. Con los colmillos chorreantes de saliva la cruel bestia sostenía relaciones sexuales con ella. Mientras aullaba en su apareamiento Raquel no podía moverse, ni emitir ningún sonido por más pequeño que fuese. Todo su cuerpo estaba desnudo e inerte y sus ojos estaban ardidos de espanto y perdida desesperanza. Trató excéntricamente de mover aunque sea un musculo de su cuerpo pero todo era en vano.

El horror, la desesperación, la impotencia y el terrible choque traumático que sintió en ese momento casi le hizo liberar un ataque epiléptico letal que la volverían nada después de la terrible violación. Luego dijo que su vista se oscureció y tomó de nuevo el control de su cuerpo, en medio del pánico solo podía ver los penetrantes ojos rojos de la bestia frente a ella en medio de la intensa oscuridad y agitó todo su cuerpo hasta que despertó.

La horrible experiencia despertó el sentido común de Raquel, y fue suficiente como para querer marcharse inmediatamente de ese lugar. No nos importó para nada ser arrollados por el frío desierto nocturno o comidos por los animales salvajes, simplemente nos fuimos y nos encomendamos a nuestra suerte. Nos dimos cuenta que nosotros éramos los únicos que quedábamos y el desierto se había cobrado unas cuantas vidas durante la huida. Y mientras caminábamos rápida y exasperadamente, una figura de un lobo gigantesco con presencia a muerte nos observó desde la distancia, con la luna llena a sus espaldas, en ese momento mi vista se nubló, y perdí el conocimiento lentamente mientras que Francisco me gritaba palabras confusas que hasta ahora no pude descifrar.

En mi periodo inconsciente, recordé durante la expedición haber encontrado lo que parecía ser un recinto sagrado en donde se encontraba una estatua tamaño real de aquél licántropo con los brazos extendidos. Según Raquel, ese era el dios Sharnak. Por un tiempo, Zabgrum le rindió culto y según la mitología, esa fue su perdición.

Luego de una serie de sueños estremecedores finalmente desperté, en este hospital, sin saber como había llegado aquí, le pregunté a la enfermera que había pasado. Me reveló que un grupo de rescatistas que se dirigían a la excavación lograron encontrarnos inconscientes en el desierto y no habíamos despertado hasta el día de hoy. Con asombro y casi en shock, le pregunté sobre mis amigos y me dijo que estaban a tres habitaciones de donde estábamos, ellos habían despertado primero que yo. Logré levantarme de inmediato y me movilicé velozmente a pesar de las negaciones de la enfermera y mi cuerpo casi atrofiado. Al llegar, logré encontrar a Francisco de pie, hablando con un doctor, y a Raquel, sentada en una cama hundida en el llanto y con la cabeza inclinada, casi ahogándose.

No entendía lo que pasaba y al momento en que el doctor terminó de hablar con Francisco, yo me fui hacia él y le pregunté que había pasado. Su mirada estaba perdida, inexpresiva, fugaz y anti reaccionaria a mis palabras, como si le hubieran dado la peor noticia de su vida. Lo agité con brusquedad para volviera en sí hasta que por fin sus ojos se posaron en mi y le pregunté una vez más. Estaba a punto de hablar con el médico pero Francisco me habló y me dijo una serie de cosas que me cargaron de horror, haciendo temblar todo mi cuerpo por la perturbante noticia que me dejó sin habla por un rato. Miré a Raquel fijamente y con espanto, y le dije las ultimas palabras que me dejarían dando vueltas en un torbellino de pensamientos nefastos y absurdos quedando luego mi mente en blanco.

-¡No puede ser! ¿Estás embarazada?…

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