Entrevista a Henry Boys Loeb: 4 Preguntas para entender a Chile hoy

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En nuestro intento por analizar y comprender el complejo panorama político de Chile, en especial tras los eventos que marcaron la agenda a finales del año pasado, decidimos entrevistar a Henry Boys Loeb, destacado abogado chileno y magister en Derecho Constitucional, quién desde su experiencia y luces en materia política y jurídica nos regala un reflejo diferente del país austral.

A lo largo de esta conversación se discutió sobre temas importancia y de actualidad, como las causas y consecuencias de las protestas en el país, el interés por un proyecto constituyente, el sistema electoral chileno, los acuerdos políticos en el marco de la pandemia, la tradición y su importancia para el desarrollo nacional.

Y aunque son muchas las interrogantes para toda una región que miraba con asombro el ejemplo chileno, para comprender la crisis actual, Henry Boys Loeb nos explicaba:

“Mi consejo sería no desconcertarse, ni perder la paciencia, fundamento de la esperanza. Luego, observar la realidad con mentalidad crítica, sin descuidar jamás la formación personal que resulta tan necesaria para poder distinguir lo justo de la infamia”

Entrevista completa:

Desde el equipo de ES Leander agradecemos su grata disposición a contestar esta entrevista que servirá en gran medida a dar luces a la región para entender el panorama actual de Chile.

Son muchas las interrogantes que pueden surgir cuando tratamos de entender la crisis política chilena, aún más cuando somos ajenos a su dinámica cotidiana; resulta sorprendente la volatilidad del escenario de octubre, cuando una región tan convulsa miraba con asombro el crecimiento económico del país austral.

1.       De allí nuestra primera pregunta: ¿Qué ha motivado esta “crisis social”, esta “revolución” en Chile? ¿Es un descontento generalizado o una agenda política?

HBL: Creo que es un poco de las dos, pero la violencia de octubre y los hechos que la detonaron son -como diría Jaime Guzmán- hechos políticos, no sociales. Aquellos académicos e intelectuales que analizan el problema sólo desde el malestar de base, que tiene causas reales y justificadas (como los defectos del sistema previsional, la corrupción pública y privada, o el individualismo que campea en nuestra sociedad; entre tantos otros), equivocan su diagnóstico al perder de vista la coordinación política que avaló los hechos de violencia y empujó una agenda muy clara desde ellos. Tanto así, que sin ganar las elecciones del 2017 han logrado imponer su propia visión política en varios pasajes desde entonces.

Protestas, OCT 2019, foto cortesía de: LYD, Chile

El mejor ejemplo es el cambio constitucional: no es una idea de la derecha, pero nos encontramos inmersos en esta locura constituyente con la venia de sectores importantes de la misma derecha. Que nos vengan a decir ahora que aquello fue “espontáneo” y que no existió jamás coordinación política con la violencia, me parece poco creíble. Tenemos un congreso polarizado por actores políticos que, en realidad, no creen en la democracia, la mayoría de ellos con escasa representación real (1%). Si tuvieran el poder, lo ejercerían por medios totalitarios, según se deduce de sus propias intervenciones y mociones parlamentarias. Por ahí pasa buena parte de la crisis actual.

2. A lo largo de su más reciente libro “Pequeño Manual Constitucional” usted destaca, que si bien el contexto en el que nace la constitución chilena no es el más apropiado, el esfuerzo de numerosos juristas y políticos chilenos fue dando paso a un sólido marco institucional que resguardará la democracia, postura que comparten muchos juristas destacados, quienes aseguran además que con las reiteradas reformas (más de 40), poco o nada queda de la constitución de 1980, entonces:

 ¿A qué se debe este interés en modificar la constitución? ¿Corre peligro las instituciones de Chile?  ¿Qué esperar de esta situación?

HBL: Como tuve la oportunidad de explicar en el Pequeño Manual Constitucional, que pueden descargar de forma gratuita en este link:

DESCARGA AQUÍ EL PEQUEÑO MANUAL CONSTITUCIONAL

Las constituciones sirven fundamentalmente para limitar el poder. Son leyes con una finalidad específica: controlar a los políticos, decirles qué pueden y qué no pueden hacer. La Constitución chilena vigente es un texto jurídicamente muy bien hecho, que se ha ido perfeccionando con los años luego de muchas reformas impulsadas por gente de izquierda y de derecha, por lo que los frenos que establece a los políticos suelen ser muy efectivos. Por ejemplo, al velar por el buen comportamiento de las autoridades, lo que explica el expediente de destitución abierto en contra del diputado comunista Hugo Gutiérrez que actualmente conoce el Tribunal Constitucional. De allí el interés en cambiarla: a cierto sector radicalizado y antidemocrático no le permite realizar sus tropelías. Esto es, precisamente, lo que mi colega Fernando Atria llama las “trampas” de la Constitución vigente. Creo que un proceso refundacional sería un error, ya que implicaría anular -incluso durante su desarrollo- todas las normas constitucionales que regulan el ejercicio del poder. La mejor muestra es cómo, al día de hoy, tantas autoridades públicas atropellan la Constitución con descaro, cuestión que ha sido denunciada por abogados e intelectuales públicos del más diverso espectro de pensamiento. Confío en que se imponga la sensatez y se negocien reformas parciales a la Constitución en el Congreso.

Chile no resiste un proceso constituyente desde cero, menos ahora con las secuelas económicas y sociales de la pandemia.

3. En el marco de la crisis sanitaria, muchos hemos sido testigos de un reprochable comportamiento por parte de muchos sectores de la política chilena, en especial los más cercanos a los que abanderan las protestas, esto ha dado pie a una dura respuesta política por parte de sectores contrarios, colocando en más de una oportunidad en aprietos al gobierno para hacer frente a la pandemia.

¿Es imposible un acuerdo político en Chile? ¿Es improbable una postura conciliatoria? ¿Cree usted que existe relación entre esta situación y la falta de confianza del chileno a las instituciones, a la ley, a las normas sanitarias?

HBL: Como le decía, me parece que el nivel de la política en Chile es de los más bajos de nuestra historia, en buena medida por los políticos actuales. Somos varios los abogados que estimamos que aquello es producto de un sistema electoral que privilegia la representación de ideas por sobre los consensos.

El cambio del sistema electoral desde el binominal al proporcional ha generado polarización, ya que le permite a sectores absolutamente minoritarios y radicalizados tener una visibilidad que antes ni siquiera soñaban. Muchas veces me pregunto: ¿quién se identificará con Gonzalo Winter? ¿a quién representa en realidad Flor Motuda? Su presencia en la Cámara es más bien un error electoral que una verdadera propuesta política para el país, ya que tan minoritarias son sus ideas, tan encerrados están en su pequeña ideología, que no son capaces de pensar a nivel macro, de tener una reflexión política sobre el país. Por eso Beatriz Sánchez hizo agua en materia económica cuando compitió por la presidencia y, por eso mismo, es que la extrema izquierda jamás ha destacado en la historia mundial por saber administrar, o hacer crecer la economía de los países que, en cambio, derrumban.

Fíjese usted cuáles son las preocupaciones de esos diputados del 1%: ¡puras pequeñeces! ¡Mezquindades! Su discurso político consiste en reclamar, ya que surgen desde el interior de minorías que se autoperciben como “oprimidas”, por lo que llevan años haciendo precisamente eso: reclamar. Pero una vez en el poder, no saben qué hacer con él, ya que la responsabilidad le queda grande a su estrecha visión del mundo y de la actividad pública. Hay mucho de infantil en su forma de enfrentar los problemas sociales, como si todo fuera un juego entre párvulos en donde “ganan ellos o ganamos nosotros”. En el fondo, no tienen experiencia y es difícil que la adquieran si perpetúan semejante modelo asociativo. 
Esa, le diría, es la principal causa del descontento de la población respecto a los políticos: como un efecto natural, la izquierda radicalizada, violenta y minoritaria ha desplazado el eje de la discusión pública hacia materias ideológicas de su interés, que no interpretan al ciudadano promedio. Las familias de esfuerzo lo único que quieren es vivir en un país en donde las instituciones funcionen, haya seguridad y ellos puedan salir honestamente a ganarse la vida. Aquello no ha sido posible ya que los acuerdos sobre materias de esa índole se han visto frustrados por el fenómeno que le describo.

Creo que sólo será posible lograr acuerdos reales (sin una pistola al pecho) en la medida que el Gobierno y la derecha en general comprendan que en una negociación con contradictores de esta índole es necesario endurecer las posturas -siempre con respeto y amabilidad- para volver a situar el eje político en el centro social.

4. No cabe duda que hoy vivimos una época de notables cambios, los avances tecnológicos, la globalización han dado un giro al mundo entero, sin embargo este admirable desarrollo ha animado a muchos políticos, intelectuales, figuras públicas a desdeñar la tradición, la historia en nombre del “progreso” y haciendo caso omiso a toda una serie de factores socio-políticos que le dieron forma al mundo que hoy conocemos, Desde una perspectiva jurídica,

¿Cómo conciliar la tradición con estos cambios tan profundos que vive el mundo hoy día?

HBL: La tradición es fundamental para el desarrollo de los pueblos y lo voy a ilustrar con un ejemplo: cuando se realiza una actualización en el sistema operativo de un computador, aquello presupone los elementos centrales del sistema operativo a ser modificado, a los que se les añaden breves cambios que optimizan su funcionamiento. Mire sino la propia experiencia humana: ¿cómo es posible que usted y sus lectores comprendan lo que ahora les digo? Porque primero aprendieron a leer, luego amplificaron su lenguaje a través de la educación formal y al día de hoy son capaces de analizar discursos más elaborados que cuando tenían 3 o 4 años. ¡Eso es la tradición! En política se la ha definido como la “democracia de los muertos” (Chesterton). Y es que resulta demasiado arrogante pretender que cierta generación, que vive determinado momento histórico, puede prescindir de todo lo que la antecedía, como si aquello que pensaron juristas o políticos de otro tiempo haya sido puro desperdicio, obra de mentecatos ciegos por la oscuridad de su tiempo. No hay que perder de vista la luz de la historia, por muy destellante que se nos sugiera el presente. Los mejores ordenamientos jurídicos son aquellos que se edifican a lo largo de los siglos, gracias al modesto aporte de mucha gente, a punta de cambios moderados y prudentes. Sólo así se puede ver con claridad para descartar lo malo y conservar lo bueno: tal es el verdadero pensamiento político conservador, que engrandece a las naciones.

Y por último, nos gustaría que le enviara un mensaje a la región suramericana, a quienes hoy observan atentos a Chile por una crisis sin precedentes, ¿Que le gustaría decirles?

Mi consejo sería no desconcertarse, ni perder la paciencia, fundamento de la esperanza. Luego, observar la realidad con mentalidad crítica, sin descuidar jamás la formación personal que resulta tan necesaria para poder distinguir lo justo de la infamia. Una vez realizado el diagnóstico, tomar acción, ya que el mal campea en el mundo  cuando la gente de bien no hace nada para detenerlo (Burke). Y en todo lo anterior: jamás descuidar la relación personal con Dios. Él es la fuente de paz y felicidad para los pueblos. Quién no reconozca esta verdad tan evidente estará destinado a deambular por la vida sin un propósito hasta encontrarlo. Al respecto, les dejo el siguiente vídeo en donde abordo este punto al presentar mi primer libro, “Líderes Morales” 

No está de más volver a agradecerle por su disposición a contestar esta breve entrevista y por ayudarnos a ¡Construir una mejor Suramérica! 

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