Isaac López, o de cómo se lleva a Paraguaná en las venas

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Por: Frank José Arellano

Varios semestres después de haber cursado una materia bajo su conducción, le pregunté por qué en ocasiones levantaba tanto la voz mientras nos interrogaba sobre las lecturas asignadas para la clase, su respuesta fue tajante: “para que no se quedaran dormidos”.

Y esto era cierto. Las clases de Historia de Venezuela II eran a las dos de la tarde, luego del almuerzo, hora en la que los cuerpos suelen aletargarse. Aun así, no hubo un día en el que se sintiese pesadez o aburrimiento durante las sesiones del curso del profesor Isaac López, quien caminaba de un lado a otro del aula, sin quedarse quieto, señalándonos y preguntándonos nuestra opinión sobre textos de historia colonial.

No había chance para un bostezo, teníamos que participar también. Si no, su tono de voz aumentaba; bien valía la pena estar alerta. Este es Isaac López, el docente. Si tuviese que contestar con qué asocio su nombre, de inmediato tendré que decir que entre las palabras que vienen a mi cabeza están energía, vigor, ganas de hacer las cosas con esmero, ganas de construir un país mejor.

Foto y texto de Isaac López. “Agua en la tierra seca. Estanque de “La Sabaneta”, Guaruguaja, cuyos orígenes se remontan al siglo XIX.”

Hoy día, el profesor Isaac López es mi compañero de Departamento en la universidad. Allí he visto que entre los desánimos producidos por el contexto político nacional, y entre las alegrías que le genera conversar sobre los afectos que tiene por su tierra en la península de Paraguaná, el profesor no ha extraviado su carta aval de presentación, que es la responsabilidad revelada en sus actividades laborales y en los emprendimientos que se ha propuesto  como investigador, como escritor, como coordinador de un programa de servicio comunitario, y hasta como estudiante, pues el profesor López es cursante del doctorado en Historia en la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas.

Justo por esa razón se encontraba Isaac en el Estado Falcón cuando fue detenido en medio de una protesta popular. Al profesor se le otorgó un permiso de seis meses, bajo la figura de becario, para llevar a cabo entrevistas, para recabar fuentes con el objeto de documentar su tesis doctoral, ya que esta trata sobre la Lucha Armada en la Sierra de Coro durante la década de los años sesenta del siglo XX. Ahora bien, como conocemos, la realidad académica no es la única realidad que existe.  Tal como el profesor López nos advirtió en múltiples oportunidades a través de sus crónicas, de sus comentarios, en sus conversaciones, etc., la Península de Paraguaná, tanto o más que el resto del país, ha venido sufriendo por años de una crisis aguda en el suministro de los servicios públicos.

Quien quiera que pase al menos un fin de semana en cualquiera de los pueblos playeros de la península, ya sea que visite Adícora, El Supí, Buchuaco, Tiraya, o cualquiera de los pueblos del interior de Paraguaná, entre estos, Pueblo Nuevo, se percatará de esta calamitosa situación. Mi propia madre, habitante del Estado Falcón desde hace 16 años, ayer me escribía mensajes de texto en los que me informaba: “La luz, por zonas, se va hasta por 7 horas continuas”. Además, aseguraba que “en Paraguaná, hay lugares en que la gente tiene 21 días sin agua”. La paciencia tiene límites. La falla en los servicios públicos se suma a la situación de escasez de alimentos allí, donde incluso ya se comienza a especular con los precios del agua embotellada.

En los comentarios del muro de facebook del profesor Isaac, publicados el día 7 de octubre de 2017, él expresaba que: “La gente en los pueblos de Paraguaná revive los años de hambre de la primera década del siglo XX”, y “el canto de Alí Primera sigue clamando contra la mansedumbre de su pueblo”. El día 10 de octubre, en horas de la tarde, el pueblo reventó, aunque circunstancialmente, se manifestó, gritó, protestó. Ese día nuestro amigo Isaac fue detenido, privado de libertad, sus derechos constitucionales a la protesta se vieron vulnerados.

Foto y texto de Isaac López: “Como escribió el poeta Palomares, si algún día quieres encontrarme habré de estar allí, hecho tierra, piedra, cardón, mar, cielo infinito.”

Ese día, Mario Pérez Chacín, su amigo, colgaba un tweet en la red en el que afirmaba: “Lo único que tenía en sus manos era una cuchara y una olla, llegó la policía y se lo llevó detenido, sin mediar nada. #LibertadParaIsaac”. El profesor López no es un vecino anónimo de la localidad. Como ciudadano proactivo seguramente fue a manifestarse con los símbolos que encarnan las vicisitudes impuestas al pueblo venezolano, la olla vacía y la cuchara cargaba en sus manos, que en todos los cacerolazos hacen resonar los disgustos, las demandas, las reclamaciones, que ya a veces llevan demasiado tiempo atrapadas en las cajas torácicas de los padecientes.  No es justo que Isaac esté recluido por preocuparse y expresarse en favor de su gente. Hasta donde hemos conocido, él está en la ZODI Falcón, zona 2, puesto que fue trasladado a la ciudad de Punto Fijo.

Al profesor Isaac López le duele su tierra, de esto ha dejado constancia en su obra como historiador y cronista. Por las páginas que ha escrito pasan ante los ojos del lector las descripciones de los rostros y los paisajes de Paraguaná. Su cuenta de facebook está repleta de fotografías de horizontes en los que se divisa el inmenso mar; también de fotografías de casas con techos de tejas, inmersas en terrenos áridos, cuasi desérticos, donde apenas puede crecer fuerte el cují y el cactus.  Empero, siempre su lente ha captado el espacio donde abundan los recuerdos, donde emergen las historias de lo que ese humanista lleva en sus venas, una Paraguaná desatendida y, no obstante, bella. A pesar de los maltratos sobrellevados, noble y bella.

¡Libertad para el profesor Isaac López!

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