La Generación Tricolor

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Por: Johan Rivas

“La juventud no necesita razones para vivir, solo excusas” Ortega y Gasset.

A lo largo de la historia venezolana han existido generaciones, que han marcado pauta en el proceso político venezolano, la palabra generación proviene del latín generatio; “generate” que significa engendrar, concebir o producir, y el sufijo “cion” de acción y efecto, por lo tanto, el concepto se aplica en cuanto a creación; a la acción y efecto de generar nuevas cosas.

El filósofo español Ortega y Gasset afirmaba que la historia se compone de generaciones, que constituyen unidades culturales propias que siguen un ritmo específico y perfectamente determinable. La generación -dice el Filósofo- es, “como órgano visual con que se ve en su efectiva y vibrante autenticidad la realidad histórica”, “una y la misma cosa con la estructura de la vida en cada momento”, “de modo que no se puede intentar saber lo que en verdad pasó, en tal o cual fecha si no se averigua antes a qué generación le pasó, esto es, dentro de qué figura de existencia humana aconteció”

Nuestra generación, es un caso particular que amerita un estudio puntual, somos testigos del pasado que fue y nos trajo hasta aquí, engendrados en las primeras campanadas de alerta a los partidos políticos, un desgaste sistemático de la democracia, una obsolescencia de liderazgo, memoria histórica salpicada de hermosos recuerdos de lo que fuimos, en un pasado que para aquel presente era lúgubre, pero, ante nuestra realidad es una hermosa remembranza.

Levantamos barricadas contra el comunismo, salimos a la calle para exigir mejor futuro, nos volvimos inmunes al gas lacrimógeno, confeccionamos trajes de cartón para aguantar perdigones, vimos asesinar nuestras esperanzas y decidimos crear una propia.

Tiempos difíciles en los que nos ha tocado vivir, pero cada generación lleva sobre sus hombros el peso de las circunstancias históricas de su tiempo, la generación de 1848 creó las bases en que debe sostenerse una República, un proyecto engendrado en escuetos claustros intelectuales con olor a pólvora, hombres dispuestos a jugarse la vida para ser recordados en la intemporalidad del tiempo.

La generación de 1928, creó la Política, convirtió el carnaval caraqueño en un movimiento de carácter académico y estudiantil que culminó, en un enfrentamiento con el régimen de Juan Vicente Gómez. Como bien lo menciona Manuel Vicente Romero, en su novela Peonia: “el presente es una consecuencia del pasado, las generaciones actuales tiene dolores y miserias que son como detritus de miserias y dolores de otras generaciones; en las sociedades hay atavismo como en los individuos”

La Generación a la cual integro, se siente responsable de un crimen histórico -que no cometió- llamado Chavismo, una sentencia arbitraria de un juez con hoz y martillo que nos cambió la vida. Vimos caer a nuestros coetáneos en el asfalto, al mismo tiempo que la demagogia estridente derribó la máscara del político (demagogo) de turno.

Nos ha tocado ser la generación que busca la senda de la libertad, secar lágrimas y continuar resistiendo, embarcarnos con un boleto sin retorno a un país desconocido, un pasaporte sin sello en aduanas, un mochilero con dudas de viajar. Una bisagra en el tiempo de lo que éramos y lo que somos, una generación que busca escribir su propio nombre, con tinta tricolor.

Ningún partido político nos representa, ningún líder político está a nuestra altura, al menos que salga de nuestras filas, nuestros sueños no caben en una urna electoral, nuestra oportunidad es única, no sólo por la proyección de fundar la nueva República Federal Civilista, sino de crear los partidos políticos acordes a la realidad y a la transición que depara el mañana, ya quedará de tu parte el aporte o la mínima pericia personal que otorguemos, pues el futuro, solo se puede vislumbrar y explicar en función de lo que hicieron los antecesores y lo que harán sus descendientes.

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