#LeanderEntrevista | Daniel Chang: Exilio y Democracia

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En ocasión a nuestro #ReporteLeander titulado análisis y propuestas para el rescate de la democracia en Venezuela, tuvimos la oportunidad de conversar con Daniel Chang, estudiante de ciencias políticas en la Universidad de Florida y destacado miembro del equipo de POLITIKS sobre el exilio y su papel en el rescate de la Democracia venezolana

Una importante conversación que parece cobrar cada vez más relevancia en el marco de los debates presidenciales por la oficina oval este noviembre en Estados Unidos, sin más que agregar dejamos con ustedes la entrevista completa:

ENTREVISTA

1.La migración como fenómeno social y político en Venezuela sigue siendo un tema bastante doloroso, por no decir que novedoso para la familia venezolana, además en el marco de la lucha por reconquistar nuestra democracia, parece que una de las carencias estructurales de la estrategia opositora ha sido la construcción de un puente efectivo entre los venezolanos fuera y dentro del país

Bajo tu consideración a que se debe este particular, ¿Por qué no ha existido una sana convivencia entre ambas comunidades? ¿Por qué existe esa especie de choque anímico, político entre la diáspora y los venezolanos que aún residen en el territorio nacional? ¿Puede mejorar?

Las relaciones entre la diáspora y los venezolanos que están en el país es una que, por naturaleza, es propensa a la tensión o al conflicto. La principal razón es que, aunque nos une el gentilicio y el trauma colectivo del chavismo, ambas comunidades viven experiencias muy distintas. Cada una enfrenta retos muy distintos, alterando las perspectivas que se forman y las prioridades de vida que se tienen, lo cual puede tener el resultado de ir alejándonos lentamente. Es nuestro trabajo evitar que este distanciamiento gradual, se convierta en uno permanente e inexorable.

Las diferencias entre cada comunidad se traducen también al ámbito político, recordemos que cada individuo basa (hasta cierto punto) sus posiciones políticas en base a una mejora directa a su calidad de vida. Debido a que cada comunidad enfrenta desafíos inmediatos diferentes, lo cual moldea sus prioridades y preferencias políticas. Muchos venezolanos en el exterior desean una regularización de su estatus migratorio, algo que les permita trabajar y formar una nueva vida; mientras que aquellos dentro del país sufren en carne propia los desmanes del régimen chavista, por lo cual una salida del régimen es no solo una cuestión de principios, sino de supervivencia.

Un ejemplo de esta diferencia de prioridades inmediatas es la elección presidencial en EEUU. Mientras muchos venezolanos, tanto dentro como fuera del país, apoyarán a un candidato basados en su postura frontal frente a Maduro (en este caso Trump), otros venezolanos también tomarán en cuenta las políticas de protección migratoria que ofrece el candidato demócrata.  

Esta diferencia de prioridades inmediatas no debe ser considerada como algo mutuamente exclusivo, ambos reclamos son completamente legítimos y empujar por la solución de uno de los problemas no debe significar, bajo ningún precepto, la disminución del otro. Los venezolanos debemos apoyar tanto las medidas humanitarias que ayuden a la diáspora, como también la campaña internacional de presión al chavismo.  

Claramente, la relación entre la diáspora y aquellos dentro del país se puede mejorar. Debemos entender y aceptar (no recriminar) las diferencias que nos separan y entender que el hecho de que ambas comunidades enfrenten diferentes retos no las hace más o menos venezolanas. Asimismo, debemos concentrarnos más en la realidad de que, la solidaridad entre ambas comunidades es vital si queremos sobrevivir esta catástrofe como nación.

Yo resumiría la relación entre ambas comunidades de la siguiente manera: No podemos pedirle al mundo empatía por Venezuela, si no practicamos una solidaridad sincera entre nosotros.

Manifestaciones en Venezuela 2019

2- Hay una constante tanto dentro como fuera de Venezuela, de que la estrategia opositora debe regirse bajo el esquema un solo partido, en especial el republicano, cuando en reiteradas ocasiones numerosos analistas han hecho énfasis en la necesidad de construir una agenda bipartidista en Estados Unidos para garantizar un apoyo institucional al caso venezolano

¿Con unas elecciones presidenciales en puerta es acaso posible? ¿Cómo debería ser la estrategia de la oposición en Estados Unidos?

Este es, sin dudas, uno de los temas más polémicos de la política venezolana en los últimos días. No voy a comentar sobre las preferencias privadas que tenga cada venezolano ante las venideras elecciones, eso es decisión de cada quien y no es mi lugar juzgarla. Lo que si haré es dar mi opinión sobre cuál debe ser el norte de la dirigencia política, la cual tiene el deber de emplear una estrategia pragmática y responsable.

A ver, empecemos por resaltar un hecho irrefutable: el gobierno de Donald Trump ha sido –por mucho- el aliado más importante de la causa venezolana en los últimos años, punto. Ahora bien, es importante entender que el valor de esta ayuda está basado en el poder e influencia de los EEUU como país, de nada sirve tener al GOP (como se le conoce al partido republicano) como aliado, si la Casa Blanca no te ofrece ningún tipo de apoyo. Por ello, la dirigencia política debe hacer todo lo que está en su alcance para asegurar la continuidad del apoyo estadounidense, independientemente de quien gane en noviembre.

 Por ende, debemos entender que está y que no está en las manos del liderazgo opositor y basar la estrategia en eso. Debido a que el resultado de las elecciones está en manos de la ciudadanía estadounidense y no de la embajada venezolana en DC, sería irresponsable quemar puentes con los demócratas y apostar todo en una victoria de Trump, inclusive si este es el resultado óptimo. Lo prudente es mantener contactos con ambos partidos, algo que, si está bajo nuestro alcance. Asegurándose, de esta manera, una relación productiva con el gobierno estadounidense, independientemente de quien gane las llaves de 1600 Pennsylvania Avenue.

Pensar en otra cosa sería irresponsable, no podemos basar toda nuestra estrategia en un resultado (victoria de Trump) que no controlamos y no tomar precauciones ante la, muy posible, contingencia de un gobierno Demócrata.  

Donald Trump, actual Presidente de EEUU

Además, debemos aprovechar que el tema venezolano es uno de los pocos que cuenta con un apoyo bipartidista, algo cada vez más raro en un país consumido por agrias peleas partidistas. A pesar de que hay diferencias sobre la estrategia que se debe implementar en el tema venezolano, los liderazgos de cada partido han sido vocales en sus denuncias a Maduro, lo cual presenta una oportunidad para consolidar el apoyo a la libertad venezolana como una posición de Estado, no de un partido político.  El liderazgo debe evitar, a toda costa, que el tema venezolano se convierta en otro teatro de la guerra partidista entre demócratas y republicanos, poniendo en riesgo todo lo alcanzado estos últimos años, ya que se habrá roto el consenso interpartidista que se ha creado en Washington DC.

Esto no quita que una victoria de Trump sea –probablemente- más beneficiosa para la causa venezolana que una de Biden. Sin embargo, como dije antes, el resultado en noviembre está en manos de los estadounidenses y es algo que la dirigencia venezolana no puede controlar. Por ello, se deben hacer preparativos tanto para el mejor como para el peor escenario, dejando de un lado las preferencias personales que se tengan sobre los candidatos. No podemos atar la suerte de Venezuela a la cambiante voluntad del electorado estadounidense, una derrota de Trump no debe significar el fin de la causa venezolana. 

Claro está, estas son las responsabilidades del liderazgo opositor en Washington DC, el venezolano de a pie (tanto dentro como fuera del país) tiene todo el derecho de profesar abiertamente sus preferencias sobre quién debe quedarse con las llaves de la Casa Blanca.

Joe Biden, Candidato Demócrata a la presidencia de EEUU

3. Para muchos Venezuela es prioridad y tema de agenda para la casa blanca o es la sensación que deja la lectura diaria del debate nacional. Tú, que hoy te encuentras en Estados Unidos y percibes con otros ojos la dinámica política local ¿Cómo observas al caso venezolano en la política norteamericana? ¿Es relevante para Washington?

Es normal, como venezolano, pensar que la situación del país es un tema que consume mucha atención en el juego político local estadounidense. Las continuas declaraciones de Trump, Marco Rubio o Pompeo nos pueden llevar a creer eso. Hasta cierto punto, esto es cierto, el tema venezolano ha sido de alta importancia para la política exterior del presidente Trump y ha sido una de las prioridades que han guiado el actuar estadounidense en la región latinoamericana.

Ahora bien, no podemos confundir las prioridades del Departamento de Estado con las urgencias de la opinión pública estadounidense. La realidad es que, el caso venezolano no es un tema que ocupe ni las portadas de los periódicos ni las mentes de los ciudadanos americanos. Los medios, naturalmente, se concentran en temas domésticos y solo se enfocan en política exterior en casos de conflicto inminente, amenazas inmediatas a la seguridad nacional o en crisis fuertes con otras potencias mundiales. La dura realidad es que Venezuela no es ni siquiera el tema más discutido en las secciones de política exterior, con temas como Irán y China acaparando la atención de los medios y los ciudadanos.   

Podría decirse que, a nivel de opinión pública, el caso venezolano es uno más enfocado a la política local, específicamente, a la de un lugar: Florida. Por razones obvias, Venezuela si tiene una mayor resonancia en el estado, especialmente en el sur de la Florida, donde temas de política exterior son parte fundamental de las dinámicas políticas locales. Así que, aunque Venezuela no es una prioridad para la opinión pública nacional, si lo es para la población de ciertas partes del crucial estado de Florida. 

Podríamos decir que el tema venezolano es importante para el gobierno y para la sociedad del Sur de la Florida. Sin embargo, no podemos caer en la tentación de sobredimensionar la importancia que tenemos en la arena pública nacional, un área donde el caso venezolano no es una prioridad del ciudadano promedio. No confundamos declaraciones y comunicados del Departamento de Estado con el sentimiento general de la población.

4. Sin lugar a dudas estamos frente a una drástica transformación de la política venezolana, el nuevo liderazgo, las futuras generaciones no sólo tendrán que adaptarse a la dinámica y el cambio global, sino a las cicatrices socio-políticas de un país que agoniza

¿Cómo crees que marque todo este proceso a la juventud venezolana? En especial a aquellos que hoy se animan a involucrarse en política tanto dentro como fuera del país

¿Cómo crees que marque todo este proceso a la juventud venezolana? En especial a aquellos que hoy se animan a involucrarse en política tanto dentro como fuera del país

La catástrofe chavista ha dejado una herida profunda en las vidas de todos los venezolanos, especialmente a aquellos contemporáneos conmigo, la generación que nació y creció en chavismo.  Es muy difícil generalizar los impactos que esta crisis tendrá en nosotros, al final del día, somos millones de individuos con diferentes condiciones y sueños. Sin embargo, creo que hay algunas cuestiones que caracterizarán la manera en que mi generación ve la política y el Estado.

Primero, creo que los continuos fracasos del liderazgo opositor en derrocar al régimen (una tarea nada fácil, claro está) dañarán considerablemente nuestra capacidad de confiar en la habilidad de las elites políticas de brindar respuestas a los problemas de la sociedad. Mi generación vivió, en primera línea, el ímpetu ciudadano y la represión brutal del 2014 y el 2017; años duros, donde decenas de conciudadanos (jóvenes en su mayoría) murieron por ideas y objetivos que no hemos alcanzado, dejando un entendible sentimiento de frustración. Las esperanzas de un cambio en 2014,2017 y 2019 dieron paso a un agrio sentimiento de decepción y desesperanza ante la falta de resultados, lo cual puede traducirse a una apatía generalizada a la labor política.

Los últimos años han dañado la imagen del liderazgo opositor, mostrándolos (justa o injustamente) como ineficientes o ineptos, lo cual, añadido a los continuos abusos y desmanes del chavismo, deterioran la imagen y el respeto que se le podía tener al Estado y aumentan la apatía que se le tiene al proceso político.

Ahora, yo creo que esta crisis también nos ha dejado enseñanzas valiosas que tienen el potencial de cambiar la cultura política del país. Los venezolanos hemos sido testigos de primera mano del fracaso del modelo económico socialista que se impuso en Venezuela, las frases “control de precios” “expropiaciones” “subsidios” despiertan inmediatamente recuerdos de las largas colas, la hiperinflación y la escasez que azota al país desde hace un buen tiempo. Además, el colapso de servicios públicos ha dejado en claro que el Estado no es el proveedor más confiable para el suministro de necesidades básicas como la luz y el agua. 

Con esto no quiero asegurar que la juventud venezolana sea una que abrace la totalidad de los principios del liberalismo económico, pero por lo menos creo que hemos desarrollado una resistencia a muchas de las propuestas estatistas y populistas que han dominado el pensamiento económico venezolano.

El escepticismo y apatía hacia las élites políticas puede servir como un arma de doble filo para el futuro de nuestra cultura política. Por un lado, una dosis razonable de duda y cuestionamiento hacia las autoridades siempre es saludable para la construcción de una república libre y democrática. Por el otro, esta desconexión entre elite política y población puede ser aprovechada por un populismo autoritario que asegure una prosperidad económica a cambio de libertades políticas.

Por último, a pesar del presente estado de desánimo y desesperanza que hay en la población, estoy más que convencido que, llegada la hora, cientos de jóvenes estarán dispuestos a asumir la titánica tarea de reconstruir el país. Esperemos que podamos aprender de las lecciones y errores del pasado y que podamos construir las bases de una república libre y próspera.

5. Exilió y Democracia

¿Cómo conjugar ambos conceptos en una propuesta que nos permita rescatar la Libertad de nuestro país?

Yo tengo la firme creencia de que el exilio venezolano tiene un rol fundamental para el restablecimiento y la reconstrucción de la Venezuela democrática. Lo crucial es determinar claramente cuáles son las tareas y objetivos en los cuales se debe enfocar la masiva comunidad de venezolanos en el exterior.

Primeramente, el exilio juega un papel fundamental en la promoción de la causa venezolana en el exterior. El testimonio directo de venezolanos en el exilio tiene un valor incalculable, ya que logran ilustrar directamente a las elites políticas y a la opinión publica la tragedia en la que se encuentran nuestro país, contrarrestando, de paso, al aparato propagandístico del régimen. Asimismo, es la tarea del exilio de crear grupos de presión (lobby) que sean capaces de mantener y coordinar la ayuda de los principales países aliados hacia la causa venezolana.

Kamala Harris, compañera de formula de Joe Biden visita a venezolanos en Florida

El exilito también jugara un rol importante en la reconstrucción del país, una vez iniciada la transición hacia la democracia. El conocimiento adquirido por el contacto con otras sociedades, culturas y sistemas políticos, serán herramientas vitales para la creación de un modelo republicano que sea capaz de responder ante las necesidades de la población y que evite los errores que condenaron a la democracia venezolana instaurada en 1958.

Aunque estas tareas son más fáciles de describir que de hacer, tengo la plena confianza de que la comunidad venezolana está demostrando que tiene las capacidades para ponerse a la altura de este desafío. La ruta para la restauración de la democracia no es fácil, pero es nuestro deber como ciudadanos hacer lo que esta a nuestro alcance para alcanzar ese objetivo.

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