Los memes y la dieta del mango en Venezuela

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Por: Frank José Arellano
arellanofrank@outlook.com

Encendemos la computadora o el teléfono, nos conectamos a internet, entramos en las redes sociales, ¡puff! Soltamos una risotada que brevemente nos alegra. Hemos acabado de ver uno de los memes del día. De inmediato, lo compartimos, lo comentamos, o al menos le otorgamos un “like” o una reacción.

En las redes sociales proliferan estas imágenes unidas a textos que suelen ser graciosas, pero que también tienen un potencial comunicativo amplio y diverso. En los memes podemos hallar contenidos relacionados con la protesta social, las denuncias políticas y hasta con la crítica cultural.

Por extraño que parezca, la palabra “meme” no proviene de la informática. Los primeros en utilizarlo aludiendo a internet y a la cultura “memética” se apoyaron en el zoólogo británico Richard Dawkins, quien en su libro The Selfish Gene de 1976 introdujo el concepto para proponerlo como el equivalente cultural de los genes. Claro está, cuando Dawkins acuña el término -que se deriva del griego mimeme: aquello que es copiado- lo hace desde la óptica de la biología evolutiva, para referirse a las conductas repetitivas, y a las formas o mensajes que se replican, se reproducen y se imitan en el entorno de un grupo.

Al hablar del meme en internet, hoy nos referimos a objetos culturales del mundo cibernético, a unidades semióticas que evocan eficazmente significados a los cuales están asociadas.

Comunicar ideas, actitudes, opiniones, valores o, simplemente, fruslerías, forma parte de las prácticas sociales vinculadas a los ecosistemas virtuales. Los memes cumplen una función comunicativa cuyo éxito depende del reconocimiento simbólico que tenga al interior de una comunidad. Estos condensan información procedente de cualquier parte. Cualquier tema o individuo puede ser blanco de chistes, sátiras y ataques. La conjugación de textos e imágenes en la memética digital es profundamente democrática.

En Venezuela, uno de los rostros más usados en la memética es el del propio presidente de la república. Esto llevó al psiquiatra Ángel Riera a elaborar un análisis sesgado y desafortunado en el que afirmaba que existía una guerra memética de sexta generación en contra de Nicolás Maduro y del gobierno venezolano. Tal punto de vista luce insostenible con sólo observar que muchos otros mandatarios y gobiernos también son objeto de la sátira descomedida de la comunicación en redes. Es  más, la propia postura del psiquiatra acerca del tema produjo un meme de alta circulación. Con los memes, nadie se salva.

Algunos memes que aparecieron de modo recurrente el año pasado se relacionaban con la difícil crisis alimentaria venezolana. La escasez que ha generado filas de personas a la espera de comprar productos alimenticios en frente de los supermercados, sumada a las constantes subidas de precios, se ha colado en los imaginarios venezolanos sobre el hambre. Esto, por supuesto, se vio reflejado en la comunicación memética. Los memes no se producen por mero capricho, pues los que no significan nada no son compartidos. En el caso de los alimentos, estos proyectan percepciones sociales en las que coexisten el humor y el miedo, la risa y la incertidumbre sobre el abastecimiento de bienes de primera necesidad.

Entre las imágenes que más se destacaron emergió una convertida en la del nuevo mesías del estómago: el mango. En el imaginario colectivo, el mango fue el rey de la lucha contra el hambre en el 2016. Así, en un contexto en el cual parecíamos estar sometidos a una lucha por la supervivencia, surgieron memes  que nos recordaban viejos anuncios publicitarios adaptados a la realidad actual. Al lado, por ejemplo, vemos el reconocido rostro del comediante venezolano Claudio Nazoa que nos insta a comer mango, y no cuentos, porque eso es lo que hay.

La insuficiencia de los alimentos más importantes de la dieta venezolana causó que algunas imágenes hicieran parodia usando la cara de Nicolás Maduro, montada en el empaque de una famosa harina de maíz precocido. Pero, esta vez, en el texto del empaque se lee “harina de mango”, ya que la de maíz escaseaba. La imagen juega con símbolos pertenecientes al gobierno actual y al partido en el poder -sello del psuv, corazón que indica “hecho en socialismo”, firma del fenecido presidente Chávez, etc.- señalando así en la parodia a los responsables de la substitución de aquel producto por uno que fuerza a los consumidores a habituarse a un nuevo régimen alimenticio.

Maduro le dio nombre, además, a un tipo de dieta que se vio plasmada en los memes, recogiendo una frase que se pronunciaba frecuentemente en las calles: “La dieta de Maduro”, también llamada la “Maduro light”. Esta dieta se asoció a la pérdida de peso involuntaria que los venezolanos, en general, estaban padeciendo. Y aunque el presidente de la república trató de bromear al respecto, aclamando en una alocución que “la dieta de Maduro te pone duro”, en realidad las cifras presentadas por la Encovi han demostrado que la población venezolana se estaba enflaqueciendo.

La mango dependencia alimentaria que se sintió por momentos hizo que el fin de la temporada de las cosechas de este fruto se experimentaran como tragedia.

En la siguiente imagen, el autor del meme tomó la cara de un aficionado de fútbol, captada por las cámaras de televisión justo cuando la Vinotinto había  desaprovechado una ocasión de gol en un juego. Así, recibir el anuncio de que se acabaron los mangos se equiparó con algo tan funesto, o más, que un infortunio deportivo. La respuesta es el llanto y las manos en la cabeza en señal de desventura.

Aun así, la lluvia y el clima tropical nos prometen, con el pasar del tiempo, una nueva temporada de mangos que mitigue la amenaza del hambre.

En la imagen siguiente, la intertextualidad presente en el meme se evidencia con el mensaje de esperanza que toma de un filme. El meme transmite que en el 2017 la aproximación de la época productiva de las matas de mango causa optimismo, procura regocijo. Y, tal cual como se lee en el texto de la película “En busca de la felicidad”, protagonizada por Will Smith, al final, “esta parte de mi vida, esta pequeña parte, se llama felicidad”.

El mango proporciona beneficios nutricionales, no cabe duda. Sin embargo, es obvio que un solo fruto no puede cubrir a gran escala  las demandas alimenticias de una población. La “Maduro Light” sólo debería quedar como un mal recuerdo en la memoria colectiva de los venezolanos. Por otra parte, los memes no fungen como agentes de una confabulación internacional en contra de ningún gobierno. Estos, si acaso, revelan un modo de sentir la realidad, lo demás son opiniones que rayan en lo absurdo. Finalmente, mientras trabajamos para cambiar lo que nos agobia, cuando llegue el momento, “vamo a comeno un mango”.

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