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El éxodo venezolano es uno de los eventos más impactantes en la región. La crisis que se vive en el país transformado en la migración como la alternativa más viable para los habitantes del país suramericano. No faltan voces criticas, así como aquellos que aplauden huir del socialismo del siglo XXI, sin embargo, este hecho aislado no es nuevo en el territorio venezolano.

Muchos expertos de antaño y de la actualidad han asociado como una de las taras sociales venezolanas la flojera o falta de hábito para el trabajo. El antropólogo y profesor Samuel Hurtado en una reciente entrevista decía que el venezolano «no es trabajador» sino que está acostumbrado «a pasar trabajo», lo cual es muy diferente. El venezolano se levanta y debe enfrentarse a las fallas del metro, al tráfico, a la falta de efectivo y otras calamidades de una vida diaria que lo llevan a actuar para superar cada adversidad, pero eso no lo hace trabajador.

¿Qué tiene que ver eso con el antecedente de la migración? Mucho. Nuestras tribus eran en gran parte recolectoras y cazadoras, por lo que usualmente, cuando acababan con los recursos, se mudaban, viviendo principalmente como nómadas. Por otro lado, los españoles que viajaron a la «Costa de Tierra Firme», hoy en día Venezuela, eran principalmente aventureros, pero no sabían trabajar la tierra.

Este hecho empujó a los españoles— y alemanes, como los Welser— a aplicar un hábito común en Europa que fue la esclavitud. Pero aquella esclavitud para lograr la producción no obtuvo buenos resultados, puesto que los nativos estaban acostumbrados a recolectar, no a trabajar la tierra. Iban de sitio en sitio, consumiendo todo lo que encontraban, casi incapaces de desarrollar una agricultura que les diera sustento —salvo algunas excepciones—. Morían rápidamente, producto del trabajo, lo que generó grandes conflictos para la vida en el Nuevo Mundo.

Bartolomé de las Casas, cabeza de la defensa de nuestros nativos y uno de los que impulsó la creación de leyes como las de Burgos y las leyes de Indias, combatió con ideas contra otros hombres de la corona para que se dejara de esclavizar a los nativos para tal fin y propuso traer labradores españoles para que estos fueran enseñando a los aborígenes el arte del campo. Sin embargo aquella ardua tarea fracasó por una serie de acontecimientos desafortunados, relacionados por los largos tiempos de viaje entre los territorios y la asimilación de los labradores de los vicios americanos.

Durante la guerra de independencia, los patriotas tendieron a trabajar con armamento otorgado por ejércitos extranjeros. Nuestros próceres, en mayoría mantuanos u hombres de grandes recursos, agotaron todas sus pertenencias para financiar la guerra y llegaron a endeudarse, pero no existía para entonces una industria o producción, más que la extracción de la tierra —sin cultivarla realmente— como recolectores. En el año 1814, por miedo al taita Boves, huyen despavoridos, generándose el éxodo más terrible de nuestra historia, donde caraqueños y aledaños huían por sus vidas, en mayoría hacia oriente, para no ser aplastados por el el ejército infernal de José Tomás y Francisco Tomás Morales.

El positivismo venezolano propuso aquella tesis que hablaba sobre la mejora del componente étnico donde hombres de otras culturas al mezclarse con nosotros desarrollarían la costumbre del trabajo. Esto fue retomado por Marcos Pérez Jiménez para su doctrina del Nuevo Ideal Nacional, dando como resultado las cuantiosas comunidades italianas, españolas y portuguesas del país. Sin embargo, la falta de continuidad de aquel proyecto volvió a provocar la asimilación de aquellos europeos en los vicios de su nuevo hogar.

Tal vez, resignados a que debíamos producir para subsistir, empezamos a tener una actividad agricultora en los años previos al petróleo, principalmente de café y cacao, aunque más como extractores que como productores y creadores de productos—recolectores—. Con la llegada de la «Mierda del diablo», la naturaleza se volvió a avivar y empezamos a extraer aquel producto preciado en grandes cantidades viviendo épocas de bonanza. Ni la buena administración de Marcos Pérez Jiménez ni el derroche de Carlos Andrés Pérez modificaron esa condición cultural que venimos arrastrando desde nuestro pasado prehispánica.

Actualmente, ante la crisis que se vive, provocada por la doctrina socialista traída por Romúlo Betancourt y afianzada radicalmente a partir del año 1999, la tara cultural de recolectar todo, sin trabajar la tierra y crear nuestros propios medios de producción, se afianzó ampliamente. Betancourt, Carlos Andrés Pérez, Caldera, Chávez, Maduro, todos han usado el campo como estrategia electoral, pero en la praxis, se ha aplicado la expropiación y la asignación de tierras de forma tendenciosa, en algunos casos más y en otros menos. La planificación para volver al campo y recuperar aquel rubro tan olvidado ha quedado en papel, comido por la corrupción o la falta de voluntad por generar obras tangibles.

Este consumo de nuestros recursos sin crear bases para la la producción a través del trabajo y desarrollo tecnológico nos ha llevado a ser un país rentista, dependiente de la recolección y la importación, creando una inestabilidad económica que nos ha empujado a una deuda sin precedente, dedicada a satisfacer necesidades efímeras sin pensar en el porvenir y solo con el fin de sostener en el poder a los gobernantes de turno.

Esta incapacidad de crear medios de producción generadores de riqueza nos ha llevado a ese acto primitivo, nómada de migrar e ir a consumir, como nuestros antepasados prehispánicos, la tierra donde habitemos hasta que aquellos lugares que nos reciben se queden sin nada que ofrecer o decidan negarlo. Ninguna nación debe estar obligada a darle hogar a extranjeros.

La migración no es una alternativa nueva, sino un acto habitual de una sociedad que se ha visto incapaz de comportarse como una unidad política y preocuparse por defender sus intereses y desarrollar sus medios. Migrar es volver al pasado nómada, es volver a lo primitivo, es un retroceso histórico de nuestra cultura, que busca sobrevivir sin trabajar, realmente por un futuro colectivo. Pero siempre, de una mayoría, nacen aquellos hombres que por necesidad o compromiso, deciden resistir para lograr cambios que solo podrán verse en los años porvenir. Así como muchos de nuestros antepasados viajaban buscando un lugar donde vivir, otros lo hacían pensando en cómo volver a recuperar lo perdido. Bolívar y Miranda, en diferentes contextos, estuvieron entre los que estuvieron en el exilio como algo transitorio para volver fortalecidos a aquella empresa que iniciaron y que parecía imposible de lograr. Queda en nosotros desaparecer o tomar las riendas de nuestro destino.

No está demás decir que esto no es una crítica a la migración sino un análisis de la migración venezolana, y anterior al gentilicio, en el paso del tiempo. Sin embargo es importante destacar que, así como la vida moderna se desarrolla muy diferente a la de antaño, si no buscamos la forma de generar nuestro propio desarrollo como una unidad nacional, estaremos destinados a revivir este ciclo. De las Casas, los positivistas y Pérez Jiménez fallaron en aquella tarea. ¿Lo haremos nosotros?

G.J.Jiménez
@GJjimenezG 

 

 

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