Nuestra República ha muerto

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Varios niños se acercan para pedir dinero o comida, un hombre camina en el andén buscando ayuda pero no para comer si no para satisfacer sus vicios, una mujer carga un bebé que no es suyo para lograr compasión de otros y conseguir la limosna que le entregará a su esposo, un delincuente que la golpea y la usa como una más para su mafia de indigentes.

En las zonas lejanas al gran Valle los hombres deben sujetarse al vecino para poder ir a trabajar, los más jóvenes a estudiar o delinquir, otros deben quedarse en casa porque en la Venezuela petrolera casi no hay gasolina para sus habitantes, tampoco carne y pollo, está escaso el café e inaccesible el afamado cacao; solo queda la miseria.

Ha muerto la República, no la ficticia IV y V, sino la fundada por el Centauro de los Llanos José Antonio Páez. El León de Payara, quien batalló como nadie en la historia universal, no pudo crear las bases para que esta resistiera, tampoco pudieron los contradictorios liberales ni los federales. El socialismo solo vino a dar la estocada final, el golpe de gracia que nos terminara de hundir en el más profundo abismo.

Como todo lo que es hecho por el hombre, el tiempo lo va corrompiendo hasta que le toca ceder. Sin embargo, esto no tiene que verse como el final, no es la desesperanza sino la aceptación de nuestra realidad lo que busco expresar. El cuerpo, la República, a muerto, pero su alma, la nación, aún vive en cada uno de sus hijos. Esa nación volverá a cobrar vida en un nuevo cuerpo, y lo digo con la seguridad del que no tiene esperanza, sino convicción.

Ha llegado el tiempo de contar una nueva historia y dejar atrás todo cuanto hemos padecido, para forjar una época de prosperidad. La muerte es solo un paso que debemos dar para poder avanzar, dejar a un lado las facciones y unirnos en torno a un futuro de bienestar nacional el cual debemos edificar. Aprendamos de los errores de nuestros antepasados y creemos una nueva República, digna de la tierra en que nacimos y fuerte, capaz de resistir al tiempo y a sus generaciones por venir.

 

 

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