Opinión: ¿Deben los venezolanos preocuparse por las emociones?

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He descubierto, por experiencia propia, que cambiar una sala de redacción a un cuarto en casa, genera un considerable incremento en la información manipulada por quienes gracias a una profesión, podemos pasar horas frente al computador. Hay factores de comodidad, tiempo, libertad y tranquilidad que hacen del internet para los profesionales libres, una inmortal fuente de acontecimientos. Y conocimiento por su puesto.

El riesgo a manejar en ello son las emociones, porque al incrementar la información paralelamente incrementan éstas. Es decir que una persona puede cambiar su ánimo de feliz a triste o amargado en un lapso de tiempo mucho más corto que hace una década. Puede ser en segundos incluso, y varias veces al día.

Esto claro no aplica solo a quienes negocian o viven de la información, obviamente su margen es más amplio. Pero es muy común notarlo en las personas gracias a las facilidades electrónicas con las que ahora contamos. El mundo parece dar vueltas entre la tecnología, la información y un ambiente de guerra.

A estos datos, ahora se agrega vivir en Venezuela.

La Vinotinto Sub-20 llega a la final del mundial; muere el joven Neomar Lander sumándose a lista de más de 70 fallecidos en las protestas, no hay comida, hiperinflación, delincuencia; se gradúa un profesional, un joven logra éxitos en la universidad, un adolescente va al liceo y un niño se pone por primera vez la franela del colegio; el chavismo, los colectivos, la constituyente, la mud, el irrespeto a las leyes, la politiquería, complicidad de los medios… ¡Y otra vez melancólico!

Distintas sensaciones en un párrafo y todas vigentes en nuestra realidad, materializadas por expresiones de conocidos en las redes sociales o medios de comunicación. Puedes estar feliz y al instante triste. También puedes tener el estómago revuelto porque no sabes cuál de estas emociones sientes, o es rabia y hasta cansancio. En mi caso, triste-feliz-rabia-melancolía creo, es como puedo describir mi estado. Y la incómoda sensación en el estómago que a veces con el hambre se transforma en gastritis.

¿Qué podemos hacer, los que vivimos en Venezuela, para aprender a sobrellevar esta erupción de acontecimientos, que sin duda alguna tienen consecuencias graves para en todo el cuerpo?

Por mi parte, prefiero mirar las cosas una a la vez, bien o mala, disfrutar lo positivo y pasar a la siguiente. Admitir los errores para remediar las situaciones. Disfrutar esos pequeños momentos de felicidad que asoman luz en medio de tanta sombra.

Soy feliz porque presencio la primera vez en que el nombre de Venezuela se fija en la final de un torneo tan importante como el mundial de fútbol categoría sub-20. Y la maldición chavista que ha sumergido a mi país en la más brutal miseria, no evitará que alce todos los días la frente para pedir por ti Venezuela ¡Porque eres grande!

Samir Amador.

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