Poder ¿Para qué?

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Por Alexander Prieto

Ser un Estadista es una fortuna reservada a poquísimos. No vamos a distinguir aquí cómo se obtuvo ese poder o su legitimidad.  Sencillamente, quién domina los hilos del poder. Algunos reciben esa gracia por las vueltas de la fortuna,  o digamos mejor del absurdo que es una de las  expresiones del azar.

La gracia de ser un Estadista es tal, sólo si se logra el éxito. Si con su intervención, un Jefe de Estado logra construir un mejor país de aquel que existía antes de recibirlo en destino. No se puede llamar Pintor uno que plasme garabatos o Mecánico a quien daña los carros en lugar de arreglarlos.

Ser un Estadista para destruir la sociedad de la que se es responsable es un estigma muy horrible de llevar ¡pobre de ellos! ¡Qué miseria personal cargar con la carga del fracaso y con la responsabilidad de tanta desdicha ocasionada a otros! Peor aún es que el fallido Estadista postergue el sufrimiento ajeno una y otra vez, impulsado por la esperanza de poder enmendar o rectificar el fracaso. Ese empecinamiento vislumbra cómo carcome la certeza de la ineptitud, y la culpa de la oportunidad perdida.

Esa aprehensión a quedar en la historia como un ser vil, pequeñísimo y fútil, receptor de odios y burlas. Se engañan a si mismo con una redención o renacimiento que no va a llegar, pero si se aleja. La marca  indeleble de la ignorancia hecha impotencia. 
Es difícil vislumbrar cómo se las amañan estos Estadistas para conciliar el sueño, con el panorama desolador de su obra a la vista. Con la multitud de almas desgarradas y vida robadas.

Mares de lágrimas exprimidas de exprimidos seres humanos. Tantas oportunidades y sueños robados, esperanzas esquilmadas. Un Estadista ladrón es malo, pero inepto es peor. Es el daño magnificado. Podrá tener millones, podrá comer mucho (hasta alcanzar formas Boterianas), tener todos los juguetes materiales, pero la culpa de ser inepto al mando no puede ser ahogada con ningún derroche personal, no.

En su condición se aferran e insisten en hacer su trabajo: multiplicar desdichas. En muchos – portadores de almas miserables – la aceptación de su fracaso e ineptitud no les llega. Se dedican a buscar culpables: Caso venezolano por ejemplo:

El imperio no nos deja – ¿y quien se puso a pelear una pelea perdida?

¿Quién escogió a los otros imperios que no nos ayudan mucho?

Que las sanciones – ¿quien borró la institucionalidad? ¿Quién desconoció el poder popular?

Que los saboteos – ¿y por qué no los agarras?

Que los empresarios no producen – ¿Quién los corrió?

Que la oposición – ¿acaso no tienes todo el poder?……y así podemos terminar un libro.

Si un Estadista fallido no se da cuenta que no sirve a pesar de las reiteradas y duraderas evidencias, tiene que ser además idiota. Otras opciones es que sea un Títere, o tenga miedo, mucho miedo de la justicia que va a llegar al dejar el poder por todo el mal que sabe causó con su ineptitud. El tipo sigue y sigue estirando su salida sin importarle las consecuencias dramáticas en millones de personas. O se, llegamos al peor escenario: es un loco desalmado.
En estos casos, sólo saldrían por la fuerza.

Pero regularmente, en el entorno de estas especies, donde están también quienes los sostienen con las armas – pululan también sólo ladrones, ineptos, idiotas y locos – porque lógicamente son los únicos que todavía apoyarían a un Estadista de tales cualidades. 
El grupo más numeroso de estos (los ladrones), viven de mantenerlo – o malviven corrijo.

Aquí están todos esos sinvergüenzas que se han hecho millonarios en un país donde no se puede vivir. Pillos opulentos, carajitos (por inmadurez, no por edad)  jugando a las mafias y carteles, a Capos,  y a potentados “Empresarios”. Y esos funcionarios corruptos que si consiguen donde vivir en el exterior, son los verdaderos traidores de la patria.

Lo único que pueden dar, pues, según sus infravalores. A este grupo lo que le importa es el dinero, y satisfechos no van a dar la vida por el tirano. Paticas para qué las tengo….¡ a correr!.

Otros, poquísimos (apreciable sólo en microscopio) todavía creen en el Estadista, lo que confirma su condición de idiotas. El resto, el tercer grupo de ese entorno dentro del régimen es la retahíla de ineptos o locos  con capacidad de hacer algo para sacar al Estadista pero no pueden por su condición de ineptos o locos precisamente. Estos se cambiaran de bando a penas se ponga la cosa un poco fea.

Claro, conseguiremos especies mixtas de todas las mencionadas oscuras cualidades.

Lo cierto es que ese Estadista, si no causara tanta desgracias, podría hasta ser digno de lastima. Culpable, y siempre asustado, temeroso de su precario soporte.

¿Que pueden hacer la inmensa mayoría de venezolanos honrados, trabajadores, capaces, inteligentes y cuerdos que están en todos lados menos en el régimen? La ironía es que precisamente por ser tan buenos los malos se han salido con la suya. POR AHORA, como decía el primer destructor. 

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