Si a nivel mundial está prohibido el Nazismo ¿Por qué no lo está el Comunismo?

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Por: Luis Paretti

Ante los hechos de Charlottesville se abre nuevamente el debate de la permisividad de las ideologías totalitarias dentro de un sistema democrático. Sin duda alguna Hitler y su creación ideológica, el Nacionalsocialismo, son para muchos un símbolo de la radicalización a nivel político, e incluso, la mejor representación del “mal” y del concepto de Genocidio, hasta el punto de que imágenes como la esvástica o el saludo Nazi (que en realidad proviene del Imperio Romano) están banneados en todo occidente, y apoyar públicamente algo relacionado con el Nazismo puede costar años de cárcel, no solo en Alemania, sino en buena parte del mundo actual.

Sin embargo, en términos reales, Hitler se queda bastante corto con respecto a genocidas de masivo calibre, que entran en su antítesis ideológica: El Comunismo. Mao y Stalin superan por creces las cifras del Holocausto, y sin embargo, las banderas con la hoz y el martillo no causan indignación, y por el contrario, siguen siendo ideas promovidas en los sistemas educativos de todo el planeta.

Y cabe destacar que con este artículo no se pretende hacer un lavado de rostro del NacionalSocialismo como doctrina ni de Hitler como personaje, (a pesar de que en estos tiempos está apareciendo interesantes cuestionamientos de algunos datos de la segunda guerra mundial de mano de escritores como Salvador Borrego y otros autodenominados “revisionistas”, tema que no tocaremos acá, pero que al fin y al cabo nos da a entender que la historia la escriben los vencedores) sino de poner las cosas en su verdadero lugar.

Y es que ante el imaginario colectivo siempre se ha pretendido dejar al Nacionalsocialismo como la única ideología genocida, pero el Comunismo tiene al menos 100 millones de muertos entre todos los países donde se ha implantado esta doctrina. Teniendo personajes como Mao, al cual se le atribuyen al menos 65 millones de chinos muertos por sus políticas, Stalin con 20 millones, y hombres tan crueles como Pol Pot en Camboya, quien liquidó a 2 millones de ciudadanos de su país, lo que representó en su momento una cuarta parte de la población.

Y por supuesto, sin contar a aquellos pequeños Tiranos o aspirantes a Tiranos que  en nombre del Comunismo (y el Socialismo) vieron como enemigos a los propios habitantes de los países que gobernaron, y que además (y una vez más, colocando las cosas en su lugar) llevaron a la miseria y a la hambruna a millones.

Y es que si algo se puede decir a favor del Nacional-Socialismo, (y una vez más, sin ánimos de elevarlo a nivel político) es que su modelo económico fue exitoso, sacando a Alemania de la ruina y convirtiéndola en potencia mundial en apenas pocos años, gracias al abandono del oro como patrón, y a una gran modificación del sistema financiero que permitió que el Estado, a través de créditos libre de deuda, financiara y fomentara a las industrias alemanas y al sector privado productivo, medidas que hicieron de Alemania un país con un gran bienestar social, al menos antes de 1939, inicio de la guerra, caso contrario de todos los países comunistas, que con un sistema económico desfasado basado en la eliminación y asfixia del sector privado, y en una masiva burocratización, llevaron a las sociedades donde se instauró a la ruina total.

Y es que en todos los países comunistas, la población no solamente debe soportar la eliminación de las libertades y la represión absoluta, sino también, la humillación de la hambruna y la miseria generalizadas.

Y esto nos lleva a la pregunta del principio. ¿Por qué el Nazismo si está prohibido, y el Comunismo sigue siendo promovido a sus anchas?

En primer lugar, sacamos de esta lista a algunos países que vivieron en carne propia el Comunismo y que también lo prohibieron junto al Nazismo: Alemania, la República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Moldavia y Ucrania están prohibidos, por igual, la esvástica y la hoz y el martillo, entendiendo que la tolerancia no aplica a sendos totalitarismos.

Sin embargo, en el resto del mundo Occidental. El Nazismo o está prohibido, o es simplemente marginado socialmente, pero el comunismo es promovido.

Un ejemplo de ello es como figuras como Fidel Castro o el Che Guevara son admiradas por amplios sectores sociales, y además, es fomentada la enseñanza del Marxismo como un sistema político válido en las universidades occidentales.

Nada más observar la cantidad de “líderes políticos” que tienen como mentor a Fidel Castro, y que se reunieron en algún momento con él, es atormentador. Destacando que muchos de ellos, como Juan Manuel Santos, se autodenominan demócratas.

En España, el partido PODEMOS, de claro tinte comunista, es ampliamente apoyado y financiado a nivel internacional. Partido que se opone abiertamente a lo que representó la Dictadura de Franco para España, pero que sin embargo, le rinde honores a Lenin y Stalin.

Y así podemos continuar por un rato más citando la complaciencia ideológica con el marxismo de occidente, que de proseguir, le pasará factura más pronto que tarde, como lamentablemente se la pasó a Venezuela, cuando a partir de la década de los 70 se permitió que los comunistas participaran en política, y que sus ideas fuesen enseñadas abiertamente, cuyas consecuencias vivimos hoy.

En este sentido, occidente como bandera de la democracia ha querido ser tan “democrática” que decidió darle espacios al marxismo como doctrina en medios de comunicación y dentro del sistema educativo, y este, si algo sabe hacer, es atraer a feligreses con su clásico discurso de aprovechar las deficiencias del sistema democrático, para fomentar el resentimiento y multiplicar la semilla marxista.

Destacando además que el marxismo se ha sabido esconder bajo la máscara de ser una “doctrina científica apta para el análisis y estudio de los procesos históricos”, lo que le permitió colarse en la sociedad a nivel intelectual, y además, supo mutar en doctrinas aparentemente menos nocivas al comunismo de tinte soviético, como el progresismo actual, lo que permite que las ideas que han asesinado a más de 100 millones de personas, sigan estando en el ambiente.

Por ello, la democracia debe detener esa complacencia ideológica con el comunismo y bannearlo por completo debido a que una democracia permisiva con totalitarismos como el nazi y el comunista, se verá poco a poco inmersa en un vacío en el cual peligrará su misma existencia.

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