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En el año 2008 un documental daría a conocer al mundo a Monsanto, una multinacional que se transformaría en el centro de atención y denuncias de grupos ecologistas. A partir de ese momento, los transgénicos ocupan un lugar en los temas de discusión, donde el cuestionamiento a la ingeniería genética parece imperar.

De dicha empresa, una de las principales denuncias es la creación del DDT, un pesticida que, hoy en día, se encuentra prohibido, designado como un producto químico CFP, o Convenio de Róterdam, que coloca al DDT como un producto peligroso para su comercio internacional. La creación del agente naranja usado en la guerra de Vietnam, por el cual, según fuentes vietnamitas, se dice que murieron más de 4 millones de personas, aunque el juez Jack Weinstein dijo que no existían bases legales sobre estas demandas.

Monsanto también ha buscado defenderse, si vamos a su portal Monsanto.com podremos encontrar un pdf sobre los mitos de la biotecnología.

En Venezuela, la postura oficial ha ido, en discurso y aplicación legal, en contra de la comercialización e investigación de los transgénicos, lo que algunos defienden y otros critican. La comunidad científica, en general, parece insatisfecha con lo establecido por el marco legal. El portal de noticias de ciencia y tecnología para América Latina y el Caribe www.scidev.net publicó, el primero de enero del año pasado, que en Venezuela se había prohibido los transgénicos hasta para la investigación. Alejandro Pieters, investigador del IVIC y el investigador Félix Moronta Barrios, expresaron su descontento sobre las decisiones tomadas. El 23 de diciembre de 2015, fue aprobada la ley de semillas que “prohíbe de manera expresa la producción, uso y comercialización de organismos genéticamente modificados (OGM)”.

Es interesante como, más allá de la sombra de Monsanto, científicos venezolanos parecen reaccionar de forma contraria ante aquella ley, como lo lo expresa el biólogo, Bernardo Kostich, graduado en la Universidad Simón Bolívar y especializado en el estudio de microorganismos relacionados con aplicaciones industriales como la industria alimenticia. A pesar que en la USB los biólogos no se gradúan con mención, Kostich se ha orientado hacia el control de la seguridad microbiológica de los alimentos.

¿Qué dice la ciencia?

En entrevista, Kostich, expresó que no ve negativo los transgénicos per se, ya que estos tienen que pasar por todas las pruebas de bioseguridad y bioética. A pesar de esto, la mayoría de las críticas van dirigida a «inescrupulosos y a intereses capitalistas de ciertas empresas biotecnológicas, lo cual es discutible». Al parecer existe una comunidad científica que considera positivo los avances en transgénicos, aunque hay otra que defiende la postura antitransgénicos.

Entre los que se oponen, están los que dicen que los cultivos transgénicos de Monsanto, por ejemplo, son resistentes a ciertos herbicidas que fabrican ellos mismos y se dice que es cancerígeno.Comenta Kostich, que otros transgénicos pueden ser resistentes a plagas, lo que significa una drástica reducción de plaguicidas. «La cuestión es, no encasillar todo lo artificial como malo y todo lo natural como bueno», explicó. Según el mismo, otra crítica que se la hace a los transgénicos es que no hay suficientes estudios que demuestren su seguridad.

¿Proteccionismo o Fanatismo?

Matías Castro, en un artículo de la página www.mercado.com.ar, hablaba de los mitos de Monsanto, donde explicaba que afirmaciones como «Monsanto vende semillas terminator», las cuáles son semillas que germinan de plantas estériles, tienen poca credibilidad, nadie podría comprarle semillas a Monsanto, aunque quisiera.

Otro mito es el de la falta de seguridad de los transgénicos, que por lo general, son asociados a Monsanto, pero en realidad no son exclusivos de estos. Un caso de transgénico que no está relacionados directamente con Monsanto y que es pasado por alto, ya sea intencional o no, es la insulina recombinante, necesaria para los diabéticos.

Esta forma de llevar el tema da la impresión que existe fanatismo respecto a lo que se refiere a el uso de OGM. El mismo Kostich no duda al afirmar que «Hay fanatismo, totalmente». El biólogo comenta que no se trata de despreciar la ecología pero se debe sopesar entre un posible impacto al medio ambiente y tener serios problemas dentro de unas décadas para alimentar a la población mundial. Sin duda, afirma, los transgénicos pueden ayudar a aumentar los rendimientos de cultivo, disminuir el uso de tóxicos agroquímicos y a la vez hacer más rentable el negocio hasta para el campesino más humilde.

Aunque, para el científico, es importante que cada país desarrolle su investigación y sus empresas, de acuerdo a sus necesidades para evitar depender de empresas extranjeras cuyos intereses puedan ser contrarios a los nacionales. Esto último, con el actual marco legal venezolano, parece imposible, ya que no se pueden comercializar los OGM, y están vetados para la investigación científica, lo que hace cuesta arriba el desarrollo en el área.

Del mito a la ciencia ¿Qué hay de cierto?

Aún, con una comunidad científica que no parece estar de acuerdo con el uso de los transgénico, la posición generalizada es que los OGM son dañinos. Esta opinión ha ido más allá de una tendencia política y ha logrado calar entre casi todos los grupos que convergen en el país, posiblemente por la gran difusión de los medios en contra de los transgénicos y el alcance que tuvo el documental «El mundo según Monsanto», lo que Kostich dice, se debe a la falta de información y conocimiento general en el área de microbiolgía, especialmente sobre los OGM.

En www.aporrea.org, portal de noticias reconocido por tener una línea favorable a los gobiernos de Hugo Chávez y, actualmente, Nicolás Maduro, se han compartido múltiples artículos donde se da a conocer la visión generalizada de quienes ejercen la mayor porción del poder en Venezuela. «Monsanto: un pasado y presente de muerte y dominación» es como titula Saúl Flores un artículo publicado en dicho portal, donde denuncia que «en 1980 se comienza a producir en las vacas mastites, la leche proveniente de estas vacas tratadas con las hormonas de crecimiento que provoca en los seres humanos una enfermedad llamada acromegalia y disminuye la esperanza de vida y a los 30 años puede morir una persona que presenta esta enfermedad» dando a entender, al concluir, que la comunidad científica ha estado involucrada con Monsanto, para mantener una posición favorable sobre todo lo que desarrolla esta empresa.

Greenpeace, movimiento conocido por su defensa del medio ambiente, da otra perspectiva sobre los transgénicos. En un texto explicativo sobre ellos, afirman que «no se ha constatado que los rendimientos de las cosechas aumenten con las plantas transgénicas, pero sí que disminuyan en muchos casos. Los transgénicos no son más que una forma de concentrar la riqueza en manos de muy pocas empresas. En EE.UU. se dan pérdidas de producción en soja transgénica de hasta 7% con respecto a la soja convencional. En España, numerosos estudios demuestran que los rendimientos de maíz transgénico pueden llegar a ser hasta de un 10% menores que las variedades no transgénicas equivalentes en esa zona».

Sin embargo, el International Service for the Acquisition of Agri-Biotech Applications (ISAAA), indica para el año 2014 28 países, 20 desarrollados y 8 en vía de desarrollo, los cuales representan el 60% de población mundial, cultivan transgénicos. Si un número tan alto de países desarrollados están implementando los OMG, es fácil que se genere suspicacia sobre la información suministrada por Greenpeace ¿Por qué los agricultores invertirían en algo que les genera pérdida? Seguramente no todos los casos serán exactamente iguales, habrán aquellos que siguen escépticos, que habrán tenido malas experiencias, pero son muchas las marcas que hacen uso de estos productos para disminuir costos de producción, siendo contrario a lo referido por Greenpeace.

Kostich avala que «siendo estrictamente naturalista, un cultivo resistente a plagas afectará la población de dichas plagas que suelen ser insectos o sus larvas, que a su vez afectará la población de sus depredadores como las aves» por lo que, según explica, es imposible que alguna interferencia artificial «tenga impacto cero» para bien o para mal. «En el caso del desplazamiento de especies como consecuencia de los cultivos, piensa que las semillas solo deberían obtenerse en los laboratorios, para que no dejen una descendencia fertil y terminen propagándose». Para él, también se debe tomar en cuenta que aquella inversión millonaria, que implica no solo dinero, sino tiempo para su desarrollo, no puede tomarse a la ligera, condenando desde afuera sin conocer realmente sobre el tema.

Ventajas y desventajas de los transgénicos

Entendiendo que todo acto tiene un lado bueno y otro malo, el biólogo, Bernardo Kostich habló sobre esto, explicando lo favorable de los cultivos transgénicos y aquello que puede llegar a ser un inconveniente en su producción.

Ventajas:

  • Mayor rendimiento de cultivo, en comparación a las tradicionales donde puede perderse más de la mitad de la siembra, dependiendo de la especie, por plagas, malezas o condiciones climáticas.
  • Reducción del uso de pesticidas. Aumento de las ganancias para los agricultores.
  • Mejoras nutricionales, por ejemplo, aparición de vitaminas, minerales u otros compuestos que no se encuentren en la especie natural. Incluso saliendo del ámbito alimenticio y yendo al farmacéutico, se han desarrollado cultivos que expresen la insulina humana, de esta forma se evita la obtención de la misma a través de animales.

Desventajas:

  • La inversión para desarrollar semillas con todas sus pruebas de eficiencia y seguridad puede tomar más de 10 años y decenas de millones de dólares.
  • Posibles impactos ambientales, como de salud, aunque los estudios están para hacer que cualquier impacto sea el menor posible. Los cultivos tradicionales tampoco están exentos de impacto ambiental y de salud por la cantidad de pesticidas que requieren.

¿Conviene su implementación en Venezuela?

«La apoyaría al 100% si se tratara de una industria nacional, con tecnología y profesionales venezolanos que realmente comprendan las necesidades de nuestros campesinos y las condiciones de nuestras tierras», exclama Kostich, sin titubear. Para él, si estos se aplican de la mano con equipos de bioética que vigilen el uso que se dará a una nueva semilla y su seguridad, no debería haber problema, por lo cuál ve totalmente positiva su implementación en el país, haciendo énfasis en que debe ser bajo esas condiciones.

¿Cuánto tiempo y cómo se podrían implementar los transgénicos en Venezuela?

Para Kostich, el desarrollo de transgénicos en Venezuela depende de mucho más que la intención y las buenas prácticas. Aunque hemos producido suficientes profesionales para trabajar en el área, explica, desafortunadamente un gran porcentaje se ha ido del país.

Aún bajo esa situación, para él, si se aplican mejores políticas en los próximos años, estos podrían motivarse a retornar. «Se necesita incentivación económica, infraestructural y material para los científicos, así como seguridad jurídica para los empresarios de este ramo». Sumado a esto, también es necesario políticas que impulsen la vuelta al campo para obtener mano de obra, afirma el biólogo. Kostich explica «que tomaría de 10 a 15 años tener una sólida industria de cultivos transgénicos».

Tal vez en este momento estamos lejos de consolidar una industria relacionada con los transgénicos, así como un desarrollo en el área, y que de darse la oportunidad, exista una gran oposición a su implementación legal en los productos de consumo del venezolano, pero Brasil, país al cuál Venezuela le ha comprado alimentos, es uno de los principales comercializadores de transgénicos. Sus productos impostados a Venezuela, en la mayoría, se encuentran en la lista de Greenpeace, como transgénicos, lo que representa una contradicción sobre la postura del gobierno y una acción contraria a la ley de semillas publicada en Gaceta Oficial el 28 de diciembre de 2015, donde se emite en el artículo 3, en el punto número 6, que uno de los objetivos de la ley es «Impedir la liberación, el uso, la multiplicación, la entrada al país y la producción nacional de semillas transgénicas».

Aunque se trata de productos derivados de cultivos transgénicos y no de semillas per se, el hecho de importar productos transgénicos va en contra de los ideales que pregonan en la retórica del partido y en la postura oficial. Tal vez, en tiempos de crisis, no vean a los productos derivados de semillas transgénicas con tan malos ojos, aunque eviten admitir su uso. Más allá de la sombra de Monsanto, los transgénicos podrían representar una luz en la recuperación de la agricultura en Venezuela, pero para ello, hay que mejorar muchas aristas que siguen a la deriva.

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