Un recorrido por la vida y ascenso del “Trump Brasileño” Jair Bolsonaro

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Antes de que finalice octubre, Brasil se podría convertir en el primer país en tener un gobierno de esta nueva ola de líderes de derecha, la cual ha sido una dura reacción a al progresismo y a lo políticamente correcto, tendencias dominante en buena parte de occidente en las últimas dos décadas.

Y es que Jair Bolsonaro, por sus radicales posiciones contra el marxismo cultural, la ideología de género, entre otros polémicos temas, se ha establecido como el equivalente suramericano a líderes como Viktor Orban, Marine Le Pen, y el mismo Donald Trump.

“Bolsonaro es hijo de un dentista sin formación profesional. Optó por el servicio militar en su juventud y en 1977 se graduó en la Academia Militar de las Agujas Negras, la principal escuela de formación de oficiales del Ejército brasileño. Su carrera en el Ejército no fue distinguida. Bolsonaro estuvo en el calabozo durante un par de semanas en 1986 después de que una revista brasileña publicó sus quejas sobre el salario de los militares. Pero sus palabras captaron el descontento generalizado entre los soldados rasos y aprovechó ese apoyo para lograr en 1988 un lugar como concejal en el municipio de Río de Janeiro y un escaño en el Congreso dos años más tarde”.

La carrera de Bolsonaro inició en 1993, siendo él un recién electo diputado, cuando se dio a conocer al defender la dictadura militar que había gobernado Brasil entre 1964 y 1985. Bolsonaro expresó que la instaurada democracia no funcionaba, y que él apoyaba abiertamente el regreso de un gobierno fuerte.

A partir de ese momento, Bolsonaro, quien ya era un capitán retirado del ejército brasileño, empezó a llamar la atención de los medios de comunicación. Con la llegada del Partido de los Trabajadores al poder, y sus constantes fracasos, la voz de Bolsonaro se fue haciendo más fuerte, hasta que desde hace algunos meses, comenzó a disputar la presidencia de uno de los países con más potencial del mundo, aunque lleno de problemas sociales.

El pasado domingo, 49% de los brasileños lo apoyaron masivamente durante la primera vuelta, superando por más de 20% al delfin de Lula, Fernando Haddad.

Bolsonaro se ha vendido de una manera simple pero efectiva. Promete un gobierno de mano dura contra la delincuencia y las bandas armadas que han convertido a las ciudades brasileñas en algunas de las más peligrosas del mundo, la inmensa corrupción, y los desastres económicos dejados por los gobiernos de Lula y Dilma, además de prometer atacar con todo a gobiernos de izquierda como el de Nicolás Maduro y el de Daniel Ortega en Nicaragua.

“¿Criminales violentos? Bolsonaro dice que hay que dispararles a todos. ¿Enemigos políticos? También a ellos. ¿Corrupción? Un golpe militar drenará el pantano si el sistema judicial no lo hace, dice. ¿La economía? Bolsonaro quiere privatizar las empresas estatales para mantener a los políticos alejados de sus fondos” indica el diario alerta digital


Evidentemente, este discurso ha calado duro en Brasil, un país que siempre ha prometido ser una Potencia Mundial, pero que le ha faltado “algo” para terminar de despegar. Según las encuestas, Bolsonaro es sin duda quien gobernará Brasil en los próximos años.

Una promesa que ha atraído a muchos brasileños a votar por Bolsonaro es su opinión acerca de la tenencia de armas, la cual promete flexibilizar para que los mismos ciudadanos se defiendan de la delincuencia.

En relación a la economía, su apuesta es darle entrada a Brasil a los libres mercados, y a apoyar al empresariado en vez de tenerlo asfixiado como lo hicieron los gobiernos socialistas de Lula y Dilma.

A pesar de ser considerado un misógino y un homofóbico, por declaraciones bastante polémicas, buena parte de la juventud y de las mujeres se han cautivado por el discurso del político “que dice lo que piensa”, teniendo una imagen de radical pero honesto.

Un extra que sin duda le sumó muchos votos fue el intento de asesinato que sufrió a principios de septiembre, del cual casi no salió vivo, atentado cometido por un simpatizante comunista del PT. A pesar de que el cuchillo le atravesó varios órganos, su rápida recuperación ha generado un gran sentimiento de simpatía en el pueblo brasileño.

Brasil, una población fuertemente religiosa, vio esta recuperación como un mensaje de Dios. Casualmente, el segundo nombre de Bolsonaro es Mesías.

Por último, a pesar de que también tiene fuerte oposición debido a sus posturas, muchos brasileños lo ven como un mal menor en comparación con un posible regreso del Partido de los Trabajadores al poder, y al miedo de que Brasil vuelva a un camino similar al que atravesó Venezuela en los últimos 20 años.

Por todo esto, Bolsonaro ha sido catalogado como un “Trump Tropical”. De hecho, los especialistas aseguran que el escenario es similar AL que llevó al magnate al poder en los Estados Unidos: Una sociedad decepcionada de la democracia y de los zorros viejos que han dominado la política en las últimas décadas, sumado a un desempleo que alcanza los 13 millones de brasileños, y a los otros elementos que ya destacamos.

“Dios me llamó a esta carrera”, afirmó al aceptar la nominación de su partido. “Mi madre me dio el segundo nombre de Mesías. Pero solo yo no seré el salvador del Brasil. Quienes lo salvarán somos todos nosotros, juntos”.

El domingo 28 de octubre es probable que veamos como el primer líder considerado de “ultra-derecha” llegue al poder en un país latinoamericano en el siglo XXI.

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